miércoles, 15 de enero de 2014

TDA-H FUERZA Y LUZ CONTRA LOS TRASTORNOS DE APRENDIZAJE











                                                                                      “Donde mueren las palabras, nace la música”

                                                                                                                     W. SHAKESPEARE.

 

    En la edición de esta misma revista del año 2010, quien suscribe, publicó un artículo referente a los beneficios que comporta el estudio de la música desde un punto de vista integral en el desarrollo neurobiológico de los niños y niñas. De éste se deducía lo determinante que es en términos generales esta actividad para, gracias a los condicionantes como la concentración y el hábito de estudio, el mecanismo de la psicomotricidad fina y el alto rendimiento en las enseñanzas primaria y secundaria, además de lo ventajosa que es su aplicación a edades tempranas para la ulterior función abstracta de nuestra inteligencia en la etapa adulta.

    A esta cuestión y al caudal artístico, intelectual y cultural que el profesorado atesora, muchas veces inopinadamente porque está implícito en la inercia de la decisión vocacional de hacernos valedores de la música, podemos ir sumándoles, como afortunados jugadores en racha, nuevos avales garantes que corroboran aún más si cabe, la importancia, sobre todo en el caso particular de nuestra localidad, de que se mantenga con buena salud el Conservatorio Elemental de Música “José del Toro”.

   Debemos todos hacer oídos sordos y vista gorda a marbetes falsos y a veces ignominiosos como los siguientes:

“La-música-es-un-lujo-que-no-nos-podemos-permitir”

“Trigueros-es-demasiado-pequeño-para-tener-un-conservatorio-y-se-encuentra-muy-cerca-de-otros-de-mayor-importancia”.

 Los argumentos que a continuación expongo son más que suficientes para erradicar cualquier duda acerca de la conveniencia o no de su existencia. Seamos, por lo que supone una actividad académica de más de veintidós años,  por los satisfactorios resultados obtenidos, ciudadanos consecuentes y justos en la defensa de nuestros intereses y buenas significaciones.

  En el VII “Encuentro Provincial de Conservatorios” celebrado en Valverde del Camino el pasado 21 de Noviembre de 2013, los profesores de los seis conservatorios de la provincia de Huelva, en el plan de formación auspiciado por el CEP de Bollullos-Valverde para el profesorado que estos encuentros conllevan, pudimos comprobar cómo nuestro modelo de enseñanza y sus métodos “reiterativos en la metodología y con los contenidos” son muy propicios para detectar, combatir y reconducir los problemas que comporta una enfermedad que por fortuna comienza a ser reconocida en nuestra sociedad como un condicionante infranqueable en el aprendizaje para un elevado porcentaje de niños y niñas. Me refiero al TDA-H, Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad. Según las últimas estadísticas lo padecen entre un 5 y un 10% de la población infantil y adolescente –este dato indica que probablemente en todas las aulas escolares hay al menos un niño/a con TDAH, y entre la población adulta la sobrellevan, no sin sufrimiento y con consecuencias como por ejemplo la baja autoestima, al menos un 50% de quienes la padecieron en edades tempranas. Estos datos apoyan la idea de que la frecuencia y las consecuencias personales y sociales del TDAH deberían situarlo entre los problemas más importantes de la salud pública.

   En la ponencia por parte de un “paciente”, “padre” y miembro de una reconocida asociación provincial de Padres y Madres de niños y niñas que padecen este trastorno, y en el posterior debate que tuvo lugar en dicho Encuentro pudimos entender que las actuaciones pedagógicas aconsejadas para ayudar a este tipo de alumnado son propias y se encuentran tácitas, o cuando menos virtuales, en nuestro currículo (LEA, Ley de Educación Andaluza). Con una sencilla aclaración ustedes me van a entender:

  La tara que supone el trastorno, una vez diagnosticado, implica en algunos casos una eficaz adaptación curricular; esto está contemplado en las enseñanzas obligatorias por los EOE (Equipos de Orientación Educativa). Como todos sabemos, el carácter de la educación obligatoria es colectivo, con aulas de hasta 35 o más educandos. En un entorno con esta característica la adaptación, si la hubiere, y las actuaciones aconsejables, se convierten a veces en un trabajo no demasiado fácil. Doy fe y tengo conocimiento de que los EOE procuran poner todas sus competencias y logran en muchos casos esplendidos resultados en la coordinación de las medidas correspondientes. No tratamos aquí de hacer comparaciones. Sería un error ya que el currículo como hemos planteado antes es radicalmente distinto. Primero por la naturaleza de nuestra materia y segundo por la rotunda evidencia que supone que en el primer ciclo de las Enseñanzas Elementales de Música los grupos de alumnos deben ser (y los son) como máximo de tres y como mínimo de dos; y en el segundo ciclo de estas mismas enseñanzas son totalmente individualizadas, un alumno/a por aula. Dicho de otro modo, son cuatro cursos en los que el alumnado permanece durante un contacto directísimo con el profesorado y viceversa. Además nuestra ratio en las clases colectivas de Lenguaje Musical y Coro se encuentran contempladas en 15 alumnos/as a lo sumo, lo que significa una atención relativamente fácil por parte del profesorado.

 Tristemente en la cotidianidad de la comunidad educativa oímos alguna vez que otra ramplonerías y tópicos de esta índole: “A este niño lo que le pasa es que es un vago, podría hacer más” o “La niña vive todo el día distraída, en su mundo, y pasa de todo”. Son terribles aseveraciones tomadas por normales y corrientes puesto quiénes si no, los niños y niñas,  van a vivir con distracción y pereza en su mundo. Un mundo, no olvidemos, que les corresponde de pleno derecho. Sin embargo, son amonestaciones atroces precisamente porque en muchos casos, más de los que nos podamos imaginar, tienen su origen y causa en el Trastorno de Aprendizaje. Está comprobado que  la batería de reproches y censuras que sufren estos niños permanentemente es el arma del verdadero mal, pues sin pretenderlo estamos fraguando con un sistema totalmente contraproducente una personalidad paralela o ajena a la verdadera personalidad del niño. Las víctimas de este método común de discriminación comienzan a aceptar que son distintas, torpes y díscolas. Lo que en muchas ocasiones desemboca en actitudes rebeldes y destructivas hacia sus compañeros, profesores, maestros y progenitores. De sobra son conocidas, si no es diagnosticado y tratado el trastorno, las posibles repercusiones a largo plazo: fracaso escolar, conductas adictivas o inestabilidad laboral y familiar, entre otras.

    Es fundamental para la colaboración de todos que el TDAH comience a considerarse un problema biológico. Se produce por un mal funcionamiento del cerebro y no a causa de que los padres y maestros no educan bien. Esto nos puede aliviar el peso de nuestras responsabilidades, pero al mismo tiempo también debería comprometernos al máximo en la adecuación de los protocolos de actuación y en la solidaridad para alcanzar siempre una sociedad más justa e inteligente. El dramatismo llega a sus cotas más altas para estas niñas y niños cuando comprobamos que muchos tienen coeficientes intelectuales muy altos y una inteligencia intuitiva asombrosa. Russell Barkley, profesor y psiquiatra nos dice: “El TDAH no es un problema de desconocimiento de lo que hay que hacer, sino de no ser capaz de hacer lo que sabes”.

  

 

  Las posibles actuaciones pueden ser en algunos casos una tarea nada fácil para maestros, profesores y familias. Sin embargo, todas ellas pasan por un mismo tamiz. Un filtro depurador de la sustancia aurea con la que los niños y niñas nacen en sus cerebros y corazones, y a la vez un sencillo cedazo con el que con toda seguridad pescaremos en aguas revueltas.

 CONSEJOS DE JAVIER OVIEDO GARCÍA (pedagogo):

¿CÓMO ES EL ALUMNADO CON  TDAH?

El TDAH puede manifestarse de tres maneras. 1- Provocando hiperactividad e impulsividad, 2- Provocando inatención y dificultades en la concentración, 3- Ambas a la vez.

 Las 7 actitudes más frecuentes de los jóvenes que acusan hiperactividad e impulsividad son:

 · Hablan más de la cuenta, innecesariamente y se van a menudo por las ramas. Les cuesta controlarse y a menudo actúan de forma impulsiva.

-Tienen cambios de humor muy repentinos.

· Nunca encuentran el tiempo para realizar sus trabajos y siempre los hacen en el último momento. Les cuesta establecer un orden de prioridades en las cosas que tienen que hacer.

· Les cuesta controlar el paso del tiempo, siempre piensan que tienen tiempo de sobra para todo y en cuanto se dan cuenta “Ya es demasiado tarde”.

· Les cuesta planificar actividades con antelación y se dejan llevar fácilmente por las apetencias del momento.

· Les cuesta entender, olvidan y discuten con mucha facilidad las reglas que le son impuestas.

· A menudo se sienten inquietos y necesitan mover los pies, columpiarse en las sillas, jugar con algunas cosas en las manos, llegando incluso a retorcerse en su propio asiento.

· Se meten fácilmente en líos o son fácilmente blanco de las acusaciones cuando los líos se producen cerca de ellos.

 Las 7 actitudes más frecuentes de los jóvenes que manifiestan inatención y problemas de concentración son:

 · Les cuesta seleccionar la información más importante.

· Les cuesta mantener la atención en clase y no pueden evitar pensar en sus cosas.

· A menudo olvidan y pierden cosas importantes: La entrega de trabajos, la fecha de un examen, la cita con alguien, traer el material a clase, etc.

· Son conocidos por sus despistes.

· No les resulta nada fácil desviar la concentración de una actividad para destinársela a otra.

· Cuando lo que están haciendo no les atrae, se distraen con increíble facilidad.

· Tienen problemas para organizarse en el tiempo. Planificar su tiempo de estudio, organizar sus tareas, etc.

 

7 ASPECTOS PARA EL TRABAJO DIARIO EN EL AULA

 1. Siente al joven con TDAH cerca del profesor y lejos de ventanas y puertas: Esto le ayudará a alejarle de los estímulos que tanto distraen a estos alumnos. Coloque al lado del alumno con TDAH a compañeros que sean modelos apropiados, atentos, ordenados, etc.

 2. Haga hincapié en la preparación previa al comienzo de la clase: Cuanto mejor sea la idea de lo que se va a discutir en clase, mayor será la posibilidad de que el alumno maneje el material con seguridad.

 3. Exprésese de forma clara y determinante: Estos niños agradecen que los mensajes sean claros, cortos y expresados de forma determinante.

 4. Controle su material de trabajo: Procure que no tenga encima de la mesa más material que el estrictamente necesario para trabajar. Anímele a mantener en orden la mesa.

 5. Sea flexible con la hiperactividad: Estos alumnos tienen problemas para controlar su conducta, se levantan más de lo normal, se mueven continuamente, hablan, etc. Dentro de lo razonable sea más flexible, piense que lo contrario es como pretender controlar los estornudos de un alumno que está resfriado o tiene gripe.

 6. Sea Juguetón, haga bromas, no sea convencional, sea llamativo. Introduzca innovaciones diarias: Los niños con TDAH aman las innovaciones, les encanta jugar. Y por encima de todo odian estar aburridos. Gran parte de su tratamiento involucra cosas aburridas como calendarios, listas y normas. Usted debe demostrarle que esas cosas no tienen que ir de la mano con ser una persona aburrida o una clase sosa.

 7. Siempre esté en la búsqueda de momentos de brillantez: Estos niños son más talentosos y más dotados de lo que normalmente parecen. Están llenos de creatividad, juegos, espontaneidad y buen humor. Ellos suelen ser de espíritu generoso y agradecen que les ayuden. Estos niños tienen generalmente “algo especial” que los hace destacar donde quiera que se encuentren.

 

7 PAUTAS PARA EXÁMENES Y PRUEBAS DE EVALUACIÓN

 De la misma forma que no se puede pretender que un adolescente con dificultades para andar corra lo mismo que sus compañeros en Educación Física, ni que un alumno con discapacidad auditiva sea evaluado de la misma manera que al resto de sus compañeros en Música, los alumnos con TDAH presentan una serie de dificultades respecto a sus compañeros en la realización de exámenes y pruebas de evaluación convencionales y no sería justo evaluarlos de igual manera que al resto. Se aconsejan una serie de pautas:

 1. Elimine o reduzca la frecuencia de las pruebas de evaluación con límite de tiempo: No tienen gran valor educativo y sin embargo no permiten que muchos niños con TDAH demuestren realmente lo que saben.

 2. Realice exámenes orales: Son muchos los alumnos que tienen mayores dificultades para realizar exámenes escritos a mano, y si les permite hacerlos oralmente o utilizar el teclado tal vez pueda comprobar un mayor nivel de conocimientos y destrezas en la materia. Consúltelo con el alumno.

 3. Divida en al menos dos sesiones los exámenes: Debemos ser conscientes de las dificultades que tienen para mantener la atención y concentración durante periodos prolongados (El tiempo máximo de atención sostenida no suele durar más de media hora). Por ello se aconseja dividir en al menos dos sesiones las pruebas escritas o los exámenes que se aplicarán a la clase en una sola sesión, siendo flexibles en la duración de la misma. Resulta más procedente hacer pruebas cortas en días sucesivos que hacer una prueba de larga duración en un solo día. Esta medida no debe hacerle perder la explicación de las siguientes clases.

 4. Utilice preguntas cortas y sencillas: Mejor incluir en cada ocasión preguntas cortas y cerradas de un mismo tipo, dado que la combinación de formas en que se presentan las preguntas pueden aumentar los fallos, que no ocurren por desconocer los conceptos, sino por la forma en que se pregunta.

 5. Ayúdele a controlar el tiempo: Es procedente indicarle durante el examen que controle el tiempo y que repase lo realizado.

 6. Bríndele un apoyo individual: Siempre que puede durante la realización del examen brindarle un apoyo individual, para centrarles la atención con preguntas como: “Vuelve a leer”, “párate y piensa”, “estoy seguro que lo sabes”, “termina la pregunta”.

 7. No evalúe en exceso el examen: Tenga en cuenta otros factores como la asistencia, el esfuerzo, la entrega de trabajos, el interés, etc. Piense que la realización de exámenes no es el “fuerte” de estos alumnos. 

7 CONSEJOS SOBRE LO QUE NO SE DEBE HACER

 1. No concentrarse en los aspectos negativos de su comportamiento.

 2. No prejuzgarlo calificándole de vago o desinteresado.

 3. No interpretar que su falta de interés es deliberada, consciente o voluntaria.

 4. No subestimarlos, rinden por debajo de sus posibilidades.

 5. No proporcionarles tareas largas y aburridas.

 6. No crea que el niño y/o su familia son todo el problema. Usted debe entender que la escuela también forma parte del problema.

 7. No se ciña a los métodos tradicionales que suele utilizar para resolver los problemas; éstos pueden ser ineficaces en niños con TDAH.

 

 

   Quede fuera de toda duda tras estas reflexiones y apuntes, que no considero que en el conservatorio seamos precisamente los campeones de la educación. Debemos mejorar nuestras estrategias de actuación, sobre todo en la clase de Lenguaje Musical; a pesar de que sus contenidos son supervisados periódicamente por el tutor y profesor de instrumento.  Consideramos ante todo –esta es la impronta que nos dejó el VII Encuentro-, y fue por esto mismo por lo que los equipos directivos de la provincia pidieron ayuda al CEP para su formación en la lucha contra el TDA-H, que no sabemos casi nada. Pero esta “nada” a veces tiene rostro, aptitudes y actitudes con las que debemos  bregar semana tras semana. Ahora tenemos llaves más apropiadas para cerraduras que antes habrían resultado imposible abrir.

  Estudios recientes sobre la aplicación de la música en un alumnado con TDAH nos demuestran que existen relaciones entre habilidades musicales, procesamiento fonológico y lectura temprana, llegando a la conclusión de la importancia de la música para prevenir dificultades de aprendizaje en la lecto-escritura, Anvari y colaboradores (2002), y que los procesos psicológicos como la atención y la memoria han sido favorecidos mediante programas de intervención con tareas musicales” (Bermell, 2000). También, que existe una influencia de la conducta musical a favor de los procesos de atención, donde una serie de tareas se pueden adaptar al desarrollo del aprendizaje. En el caso de la ”hiperactividad”, se puede controlar en el aula cuando el ambiente es favorable con una atención equilibrada. La música junto con el movimiento, el teatro, son herramientas efectivas para el control de la clase durante los momentos difíciles de la práctica diaria (Richards, 1998); que la habilidad de atender debe ser un seguimiento de estudio desde la infancia. Gardner (2001) ha comprobado que todos los individuos están dotados de dones y “el que aparece más temprano es el talento musical”. Por lo que la vía auditiva se debe utilizar como recurso, ya que constituye un desarrollo básico para todos los demás sentidos. Además de que la audición como práctica de la música favorece las conexiones neuronales que incrementan la concentración, ayudando además a desarrollar las habilidades matemáticas y el aprendizaje de idiomas. “Las capacidades que presentan los niños de forma innata, si no se estimulan, tienden a atrofiarse hasta desaparecer” (Florez, 1999).

                                                                               

   En nuestros métodos en los conservatorios (clases individualizadas), a mitad de la lección, cuando a un niño o niña se le ha perdido un objetivo por el camino siempre volvemos para buscarlo y recogerlo, no nos queda más remedio si queremos continuar en el viaje junto a los contenidos. Nos preguntamos a menudo por el motivo de estas pérdidas en un alumnado que a veces es brillante y  nos hemos quedado las mismas veces perplejos ante lo inexplicable. Alumnos y alumnas con TDAH diagnosticado o no, son  los que son, ni uno más ni menos; y a ellos debemos prestar toda la ayuda que podamos. Sin embargo, esta inevitable aquiescencia debería servirnos para que la energía y el desmesurado esfuerzo que estos niños y niñas ponen en el aprendizaje nos ilumine en nuestro trabajo diario.

 

               Pablo Noja Díaz.  Jefe de Estudios y profesor de piano del CEM “José del Toro”.

 

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA.

-          POR QUÉ ME CUESTA TANTO APRENDER. Dra Anna Sans Fitó. EDEBÉ. Barcelona, 2008.

-          LA MÚSICA COMO INSTRUMENTO DE EVALUACIÓN CON NIÑOS HIPERACTIVOS. V. Alonso y M. A. Bermell. Boletín de Psicología, No. 93, Julio 2008.  Universidad de Valencia.

-          www. Pediatrasandalucia/Docs/TDAH.

-          www.fundacioncadah.org/.../diferencias-existentes-tdah.html.




 

martes, 24 de diciembre de 2013

URBANIZACIÓN







   ¿Hasta qué punto es lógico que lo último que estés leyendo, estilo y ontología, te contagie y lo que escribas en ese tiempo que dure la lectura esté inevitablemente influenciado?, preguntó aquel hombre que subió a mi coche y con el que me cruzaba de vez en cuando en los paseos por la apenas habitada urbanización a la que me acababa de mudar tras mi traumática separación. Hacía años que por precaución no montaba a nadie que hiciese auto-stop. Sólo lo había visto dos o tres veces y sin embargo, dejé que se sentase en el asiento del acompañante como si le conociera de toda la vida.
  Cuando abrió la puerta, sentí  cómo una ráfaga afilada de un cierzo más frío que de costumbre, hendía la carne de  mi frente y de los nudillos de mis manos. Di por hecho que el hombre se dirigía a la ciudad. Nuestra urbanización (por supuesto yo entendía que el hombre vivía en aquel lugar), a modo de cordón umbilical, estaba comunicada por una única carretera con la ciudad. En algún momento de las escasas semanas en las que yo llevaba transitando por ella pensé que podría, en uno de mis regresos a mi nuevo hogar, dinamitarla y cortarla, para así sentirme todavía más lejos de la civilización. No obstante, tras su saludo de “buenas tardes” grave y severo, le pregunté adónde se dirigía. Él me respondió que no estaba seguro, que vio como mi coche giraba en una de las rotondas de la urbanización y sintió deseos de subirse en él. Debo confesar que me preocupé y que inmediatamente me aseguré de si llevaba algún objeto entre sus manos. Las mostraba vueltas hacia sus palmas manchadas de alguna sustancia parecida a la salsa de tomate o pintura del mismo color (horas más tarde pensé que sin duda se trataba de restos de sangre). Mis malos pensamientos, por otra parte propios de una mente en aquel tiempo completamente desorganizada, poblaron de suciedad el camino hasta el objetivo por el que yo me encontraba a horas inusuales con un volante en las manos, -tuve la sensación de que éstas se parecían mucho a las de aquel hombre-. Jamás perdono la siesta y maldije al funcionario o funcionaria a quien se le ocurrió asignarme la cita con urología en la santa sobremesa. El ensuciamiento pasó a ser escatológico cuando recordé que lo menos que podía haber hecho para asistir a dicha cita era tomar la precaución de cambiarme de calzoncillos. Tras esta advertencia no pude evitar que la característica mirada de odio de mi ex mujer se interpusiera entre el asfalto y los dos hombres desubicados.
   Transcurrieron unos cuantos segundos después de que el hombre enunciara la pregunta en los que sólo se oyó el motor del pequeño Volskwagen de gasolina de la misma manera que suenan los vientres hambrientos.
-         Creo que es inevitable, contesté.
-         Yo ahora sólo leo los prospectos de los fármacos de mi tratamiento. Y aún así puedo asegurar que mi escritura ha adquirido una dependencia de carácter informativo.
  Sentí tanta extrañeza cuando este hombre me habló de repente de literatura que por un momento pensé que era un agente literario dedicado en cuerpo y alma a captar escritores taciturnos y mediocres como yo. Un demonio de los que aparecen en los malos días de tu vida para joderte vivo con tus propias miserias y vanidades. Un tipo desalmado que intentaría usar tu orgullo y embaucarte con algún proyecto editorial en el que te quemarías rápido como una pequeña vela de cumpleaños en presentaciones en clubes de lecturas y entrevistas en radios y televisiones locales. Hacía mucho tiempo que yo había decidido no hacer el menor ruido con mi escritura en esa tierra inhóspita en la que muchos escritores, críticos, intelectuales y periodistas denuncian que “ahora todo el mundo escribe”, que “todo el mundo es escritor”. ¿Lo había decidido por prejuicio, por pereza, por cobardía?
-         ¿Por qué me hace usted esta pregunta?
-         Bueno, espero que no le haya molestado mi curiosidad. No es nada extraordinario que dos personas entablen conversación sobre actividades que tienen en común. Supongo que usted sabrá que todos los residentes de nuestra urbanización son escritores obstinados y desconocidos. Hasta los ocupas que se han instalado en los últimos números sin electricidad ni agua corriente de la calle oeste lo son.
-         No. No sabía nada sobre eso.
-         Me lo temía. Tómese nuestro encuentro y esta conversación como un suceso inevitable que debía llegar y que condicionará para bien o para mal el resto de sus días. Es conveniente para su futuro que sepa que usted vivirá en nuestra urbanización hasta que encuentre la muerte o ésta le encuentre a usted.
   Debo decir en esta narración que la decisión de frenar bruscamente e invitar a aquel hombre a que se bajase del coche no fue producto del miedo, cosa que un par de horas más tarde si me invadió. Fue una respuesta contundente, una actitud más dentro del marco del rechazo y el hastío en el cual yo vivía por entonces ante las adversidades ordinarias que pueden presentársele a diario a alguien que sufre de misantropía intermitente.
-         ¡Baje inmediatamente del coche, por favor!
-         Por supuesto. Es lo normal en estos casos. No se preocupe por nosotros. Continuaremos siendo amigos, quiero decir, sentirá una íntima enemistad hacía mí que nos enriquecerá y ayudará en nuestros trabajos. Que tenga una buena tarde.
 Tomé la última curva de la carretera antes de incorporarme a la autopista y pude ver por el espejo retrovisor que el hombre conservaba la pose esculpida de quien se despide largamente. Desapareció al instante, como por un mecanismo de teleportación accionado desde mi mente, cuando me pregunté qué edad podría tener aquel hombre.
   No resultó demasiado difícil encontrar un aparcamiento en el área hospitalaria. Una de las peores cosas que suceden en nuestra Sociedad del Bienestar, en la que la pérdida de algún derecho lo entendemos como un acto del circunstancial y pasajero mal humor de los dioses que fabrican el dinero, es la incruenta tarea de buscar un maldito aparcamiento. Esto, sobre todo cuando estás en plena convalecencia de la enfermedad, se entiende como un mayor oprobio que cualquier medida lacerante e indigna para nuestro futuro social. He visto a gente blasfemar con furia después de tener que  aparcar a varias manzanas de distancia del hospital. Recuerdo como una afrenta incalificable los minutos en los que estuve dando vueltas y vueltas buscando un aparcamiento alrededor del hospital después de dejar a mi ex mujer en el área de urgencias a pocos minutos del parto de nuestro primer hijo. Como siempre ocurre, el presente es lo más amable y abominable que nos pueda afectar hasta niveles insospechados. El futuro y el pasado son submundos que simplemente oscurecen los perfiles de nuestros deseos y obsesiones. Una previsible bajada de sueldo, por ejemplo, es un posible accidente que tememos y sobre el que no actuamos porque que aún no ha trascendido, sin embargo, cuando lo hace nos consolamos pensado que hemos conocido momentos peores, y  que a pesar de todo hemos salido adelante.
   En la sala de espera de urología 1 y 2 nos encontramos tres hombres de edades comprendidas entre los cuarenta y cincuenta  años. Nos saludamos como autómatas al mismo tiempo que mirábamos nuestras tarjetas de citación y nuestros relojes. A los pocos minutos, en un silencio sólo roto en la lejanía por los motores de los ascensores, tuve la certeza de que cada individuo esperaba, hurgando con  ágiles movimientos cortos y rápidos de las falanginas de los pulgares e índices sobre las pantallas de nuestros smartfhones, un diagnóstico y tratamiento adecuado para una larga vida. Cuando me dirigía con pasos firmes tras oír mi nombre hacia la consulta sentí como los dos hombres se caían en un vacío y me deseaban lo mejor para mí y mi familia. El especialista me señaló una silla y me senté a poco más de un metro de distancia entre los dos, la medida de una funcional y ridícula mesa. En sus ojos pude ver a mis dos hijos sonriendo plácidamente.
-         Le voy a dar el alta. Todo es correcto. El caudal de su orina es bajo pero no preocupante.  A usted le convendría hacer deporte. ¿De acuerdo?
-         Bueno yo….
 Me hizo una señal con su mano izquierda y comenzó a escribir muy tranquilo, más despacio de lo que he visto en la mayoría de los médicos. Pensé que por su edad y sosiego estaría muy próximo a su jubilación. Pronunció el nombre de la enfermera asistente y le demandó unos documentos.
-         Muéstrele esto a su médico de cabecera. Es un PSA rutinario.
-        
-         Es para disipar la menor duda de que puedan existir indicios tumorales.
 Me incorporé y sentí un fuerte deseo de estrecharle la mano, pero me reprimí cuando advertí que este hombre debía soportar bastantes veces al día este tipo de contactos tan poco convenientes para un trabajo en el que debe primar ante todo la reflexión, la observación y el análisis. Una conclusión tan absurda como determinar que por allí  revoloteó  la muerte y  que  apareció posándose en el alféizar de la ventana de la consulta con el aspecto de un enorme gorrión.
Apenas había transcurrido una hora desde que dejé el coche en el aparcamiento. Llegué a éste con una prisa infundada. Determiné de inmediato que el deporte era la causa por la que sin pensarlo yo caminaba últimamente más rápido que antes de practicarlo. Pensé que en mi vida siempre que caminaba pensaba, y que ahora, los efectos de imprimir mayor velocidad a mis pasos procurarían soluciones también más rápidas a mis pensamientos. De cualquier manera la explicación a mi presteza podía hallarse en la imagen de mi coche abandonado en un extremo del aparcamiento, como único superviviente de docenas que poco antes poblaron el lugar tal vez sin ninguna premura.
   Tenía planeado para ese día, después de abandonar el hospital, comprar un nuevo ordenador portátil más potente para acabar esta narración. En aquellos días el Word se quedaba bloqueado y el aparato en el que continúo escribiendo ya me lo habían reseteado varias veces. Una vez que arranqué el motor cambié de opinión. Pensé que lo mejor para este relato era que lo acabase en el mismo aparato donde lo inicié. Tendría un poco más de paciencia en la agonía de este obsoleto pc. Otra pantalla con una luz distinta, un teclado nuevo con amortiguaciones en sus botones con sonidos diferentes y una carcasa inmaculada podrían producir un efecto negativo para el final de esta historia. No sé, tal vez sean simples manías, pero creo que toda historia que  comienza jamás debe ser interferida por decisiones o elementos ajenos y evitables. Supongo que para compensar disertación tan abstracta se me ocurrió la idea proba y feliz de que por un poco más de dinero podría regalarle a cada uno de mis hijos un buen ordenador  por navidad. Al fin y al cabo si yo había sido capaz de resetear mi vida podría continuar haciéndolo con mi pc cuantas veces fuera necesario. Para acabar una historia como esta en un lugar como aquél todo lo que poseía y pensaba era más que suficiente. “La mayoría de las veces la dignidad es enemiga del deseo”, me dije. Y con la visión de un sol demasiado luminoso acercándose a las azoteas del hospital concluí que esta historia podría ser suspendida durante el tiempo de mi reseteo en el que, no obstante, podrían nacer otras nuevas e incluso quién sabe si no más interesantes.
   Desde la carretera de servicio que desembocaba en la autopista y que conducía a un polígono industrial hasta la urbanización – ahora parador de escritores, pensé ofuscado-, distaba poco más de un quilómetro. Una pequeña colina ocultaba las tres calles de adosados. Esto fue suficiente para que la empresa promotora eligiera tal ubicación como “Un lugar de retiro y descanso a un paso de la ciudad”; así, con este lema publicitario intentaron vender en pleno boom inmobiliario a precio de oro unas humildes casas que en otro lugar no demasiado lejos en la historia de nuestro país, habrían resultado más que apropiadas para obreros o colonos. Según parece, la promoción se demoró a causa de una mala estrategia con la mano de obra y la demanda de materiales. Entonces la oferta inmobiliaria en el área metropolitana se abrió tanto, que a pesar de la sed inversora, todas las prisas resultaron pocas. La multinacional confió en los compradores extranjeros y al final todo fue un desastre. Tan sólo consiguieron vender una docena de cien ya acabadas. Inmediatamente después estalló la crisis mundial y la burbuja inmobiliaria.
 Atravesaba el cordón umbilical y ya no me pareció tanto un conducto hacia el otro lado de la vida. La posibilidad de encontrarme con el hombre que nos había adjetivado de “enemigos íntimos” y de enfrentarme a otra extraña conversación convirtió el lazo en cíngulo. Experimenté el estrecho asfalto que serpenteaba y que se agarraba a la suave colina del mismo modo que el sacerdote se cuela el alba y hace el nudo sobre su abdomen. Noté cómo mi vientre se resistía a una presión exterior con las mismas consecuencias que la archiconocida interior: unas repentinas e insoportables ganas  de orinar. Frené sin pesarlo y oriné sobre la línea discontinua, como no podía ser de otro modo, lenta y débilmente. Una vez tranquilo tras la ridícula urgencia y su señal en la pintura blanca miré intentando ver el final del camino y tuve la certeza de que el Word no se bloquearía y de que podría  alcanzar el final de la narración antes de que mi “enemigo íntimo” me hiciese una visita de cortesía, y quien sabe si también algún que otro escritor o escritora residente obsesionados con los títulos, la naturaleza, los finales o el significado de sus escritos. Supuse que un lugar exclusivo para escribir tendría sus protocolos, aunque estos, si existían, estaban ocultos para mí o como mínimo debía aprender a localizarlos o aprenderlos. Cuando llegué a la urbanización estaba completamente desierta, irradiaba una desolación aún mayor si cabe que dos horas antes. Las casas  daban la sensación de querer expulsar a la calle sus fríos vacíos, sus tiempos confinados de limitación humana como si de muebles viejos y apolillados se trataran. Incluso en los adosados que yo presumía que estaban habitados no se veía el menor indicio de vida. Observé con detenimiento desde el coche que todas sus persianas se encontraban bajadas y que  ninguna de las terrazas mostraba arbusto, arriate con malas hierbas o maceta alguna. El único hogar con contenido, por llamarlo de alguna manera, era mi casa articulada en el realismo coherente del conjunto de una cama y ropero empotrado siempre abierto a modo de agujero donde la estética de las ropas se ahogaba en los grises y negros, una ducha con un solo frasco de gel, un frigorífico a todas horas medio lleno, una lavadora, una vitrocerámica, media docena de cubiertos, platos y vasos, una copa de balón para el coñac, ninguna botella de coñac, un sofá repleto de cojines que anulaba casi siempre a la cama, un pequeño televisor, una silla regulable con ruedas y tejido anti-estrés y una enorme mesa con cientos de libros apilados en sus bordes; mi pc portátil, situado en el centro de ésta, tal vez fuese el punto áureo de la superficie del adosado.  Antes de entrar en este conjunto de artefactos y cosas enchufé la manguera y regué el pequeño olivo que mi ex mujer me mandó una vez que supo con certeza que ella obtendría la custodia de nuestros hijos. Como de costumbre rocié las hojas del árbol para recordar el placer que me proporcionaba de niño el estremecimiento de las plantas y su comunicado agradeciéndomelo cuando mi madre me ordenaba regar nuestro jardín. Después miré a un lado y a otro de la calle. Se oían golpes de machota, martillo y cincel que parecían provenir de las casas de los escritores ocupas en la calle este. Nadie me observaba. Suspiré largamente y me tranquilicé.
   Entré y solté con desdén mi cazadora de polipiel y las llaves cayeron al suelo imitando un  golpe orquestal  que describió perfectamente las últimas dos desconcertantes horas de la vida de alguien que quiere o debe escribir. Por un instante pensé que mi búsqueda de argumentos para mi escritura terminaría por volverme completamente loco. Pero al mismo tiempo  justifiqué el riesgo de la vesania apoyándome en la única idea que me ha mantenido en pie desde el día que comprendí que para escapar del penal de mi pensamiento debía escribir compulsivamente, ya fuese como un estúpido o como un enfermo. Encendí la calefacción y esta vez tomé la opción de calentar toda la casa. Deseé que en cada una de las habitaciones estuviesen esperándome ávidas de sexo por orden de prioridad las mujeres de las que más me había  enamorado y no pude concretar el número de habitaciones ni de jadeos y olores. Sabía que en esta lista se encontraba mi ex mujer, pero tampoco supe determinar la preferencia por las sustancias de su cuerpo. Encendí el portátil y el sotto voce de su motor me sumió en una profunda soledad. Recordé que hacía demasiado tiempo que no me enamoraba. Barrunté, con el mismo pánico que se adhiere a la piel inmediatamente después de un terremoto, que ya no amaba a la vida, y que el consuelo que recibía al pensar en mis hijos no era producto de mi amor hacia ellos, sino una superlativa lástima hacia mí mismo. Una voluntad irrefrenable que sentí como una descarga eléctrica en el interior de mi vientre me llevó hasta la cocina y de allí volví con un cuchillo. En el mismo acto inconsciente llamaron a la puerta. No puedo asegurarles a quienes lean esto si en ese momento me encontraba escribiendo estas líneas pero tuve la certeza de que se acercaba el final.  El Word de infinitas páginas en blanco funcionaba. El miedo era tal que sentía los dedos de mis pies como tornillos sueltos. Abrí la puerta y apareció aquel hombre, mi enemigo. Determiné que no podía ser otro. Sus manos manchadas de rojo jugaban con un cuchillo exactamente igual al que yo tenía en mi mano izquierda. Me pareció mucho más viejo que dos horas antes. Llevaba el rostro tapado hasta los ojos por unas bragas y un gorro de la lana colado hasta las orejas no dejaba ver el color de su pelo. Su cuerpo encorvado y oculto tras un anorak que le llegaba hasta las rodillas parecía temblar con la misma intensidad que el mío. Afuera, en la penumbra impregnada por un intenso púrpura, se oía un cuchicheo de voces infantiles, supongo que de almas iniciadas que conocían el final de esta historia y que debían ser testigos protocolarios del final de la misma. El hombre cruzó el umbral y cerró la puerta tras de sí. Antes de que hiciese ningún otro movimiento le clavé mi cuchillo con todas mis fuerzas en el corazón y lo revolví una y otra vez allí dentro al mismo tiempo que le exigía desesperadamente una explicación.
-         Todo está en el Word, pudo decir instantes antes de morir.


   

lunes, 16 de diciembre de 2013

NO MOLESTEN






Quieren poner orden. Sobre todo en nuestros modales. Debemos ser buenos, educados, empollones con los contenidos oficiales y que ayudemos dejando hacer. De cualquiera de las maneras era lo que buscábamos. A partir de ahora sólo podrán ser valientes los insolventes. Pero después de haber crecido como ricos y elegantes ángeles ¿Quién quiere ser insolvente?

Es de muy mal gusto y ofensivo ir por ahí censurando públicamente las decisiones de nuestros gobernantes. No debes hacer fotos a las vías públicas agujereadas por el abandono, o por como dicen aquí en Trigueros (Huelva) quienes lo gobiernan, ahora IU, “porque no hay dinero” y colgarlas en el Facebook; debes ir al ayuntamiento y cumplimentar un modelo en el que supliques tus derechos. Así es mucho más cívico y honorable para con tus representantes. No debes interrumpir las sesiones parlamentarias de tus gobernantes para desvelar verdades como puños, si lo haces la policía te llevará en volandas y los silenciados dirán de ti que algo mal habrás hecho. No importa que seas de derechas o de izquierdas. Lo que se te pide a partir de ahora es que soportes todo el tiempo hasta que llegue tu turno con la meada y la cagada hasta las orejas.  Ni los libertarios toleraran un mal gesto. Ni Dios perdonará tus pecados. Inauguramos una nueva era, la del imperio de la buena educación. Emperador Silencio I.

sábado, 16 de noviembre de 2013

HISTORIA DE MI RODILLA IZQUIERDA (III)










     En el kilómetro 3 de la Vía verde Los Molinos de Agua, que discurre por el  itinerario de la extinta vía ferroviaria que conducía desde San Juan del Puerto hasta El Buitrón, provincia de Huelva,  apareció el pasado lunes 4 de noviembre el galgo muerto. Tal vez fuese atropellado por algún furtivo conductor de los muchos que no atienden a la prohibición de transitar con vehículos motorizados, caso difícil, dicho sea de paso,  por el mal estado del piso y la estrechez del asfalto que impiden que estos puedan imprimir la suficiente velocidad para matar, o quizás fuera asesinado, ya sea por envenenamiento o por golpe mortal, pues desde su hocico puntiagudo y rictus sarcástico, posiblemente a causa del rígor mortis de toda una noche, se abría paso una  gran mancha de sangre seca de al menos dos palmos
    El cadáver se situaba extendido, vertical a un margen de la vía y no entorpecía el ejercicio del ciclismo, la marcha o el atletismo de fondo de sus habituales usuarios. Digo habituales porque rara vez, y para esto no sería mala idea habilitar un libro de firmas en honor de quienes tras un número determinado se sesiones, pongámosle 9 por aquello del número perfecto, adquieren el predicamento de usufructuarios por haber insistido en el tiempo y con el esfuerzo, se incorporen nuevos beneficiarios de la cotidianidad de lo que quedó de la estrecha línea férrea. La víctima parecía haber elegido esa posición para despedirse de este mundo dando fe de su más que probable servilismo de perro fiel a la causa para la que fue pensado. Canino tímido y eficaz para el hombre hasta el punto de no molestarle ni siquiera tras su muerte. Aunque irremediable es pasar junto a su estampa luctuosa y no contener la respiración para eludir la presumible pestilencia de su ignominiosa y prosaica descomposición orgánica.
    En el  fugaz soliloquio del corredor de fondo, no hace falta que explique el porqué de su brevedad, y para esta narración quien aparecía por allí  gracias a la recuperación de mi rodilla izquierda, era yo midiendo la distancia y el crono, apenas nacen y mueren unas cuantas palabras, y para tal visión podrán comprender que eligiera de súbito “Quién”, “Habrá”, “Sido”, “El”, “Hijo”, “De”, “Puta”. Debo admitir que culpabilicé irresponsablemente a algún sujeto anónimo sin pensar que el animal podría haber alcanzado este final por enfermedad degenerativa o por un accidente provocado por él mismo o por muerte provocada por otro semejante o jauría de estos. Pero las estadísticas nos dicen que la inmensa mayoría de canes que aparecen muertos en las vías públicas, y en las privadas también, son desgracias causadas por las intervenciones humanas. Así que una vez que me alejé lo suficiente del radio de acción del supuesto hedor miré en mi reloj los segundos que me quedaban para llegar al mojón del kilómetro 2, y en un alarde de poder contuve unos instantes más la respiración para demostrarme a mí mismo que en casos excepcionales de necesidad es posible correr sin respirar. ¿Cuánto tiempo? Para esta ocasión el que me llevó configurar el rostro del “Hijo de puta”, esta vez todas las palabras juntas en mi pensamiento, sin necesidad de articular  todos los instrumentos de mi boca. Las facciones fueron juntándose hasta formar el semblante de mi jefa. ¿La hija de puta de mi jefa había matado al galgo? Tal vez sean malas pasadas o guiños de las cogitaciones precipitadas, o de pensar corriendo que, de algún modo u otro supone adquirir un estado próximo a tener “La mente en blanco”. Debo considerar seriamente por qué ahora, con el teclado de mi portátil bajo mis dedos, no me desagradó la elección de mi jefa como presunta asesina del galgo a pesar de que la hipótesis resulta harto difícil, ya que presiento que es prácticamente imposible que ella ponga un pie en una vía verde. Es delgada y esbelta como una Barbie pero yo la veo gorda como un sollo.
   Una vez recuperada mi respiración tras alejarme de la peste recordé la charla que mi jefa nos dio tras su viaje a Estados Unidos para realizar allí, en una Universidad exclusiva para mentes brillantes, un master de optimización del tiempo laboral. Nos habló de los peligros que suponen la desconcentración, el estrés y la desgana en el trabajo. Calificó a las amistades que tenemos que atender durante nuestra labor productiva como de “ladrones de tiempo”, y a su vez nos puso  en alerta contra los tres agujeros negros que se tragan nuestros minutos si no hemos planificado con antelación la efectividad de nuestras actividades. Estos son: el correo electrónico, las reuniones y las interrupciones. También nos recomendó que para un rendimiento óptimo en el trabajo nuestro tiempo de ocio no debe sufrir injerencias de ningún tipo. Al final del discurso nos contó con todo lujo de detalles que muchas mentes brillantes de Estados Unidos comienzan a catalogar el Tiempo como un derecho de la ciudadanía.
   “El”, “Tiempo”, “Es”, “Otro”, “Hijo”, “De”, “Puta”, exclamé en las inmediaciones del kilómetro 0. Desde ese momento y hasta la ducha no recuerdo nada más. Sólo, bajo el agua caliente, me pareció haber sentido un dulce olor a geriátrico.


jueves, 24 de octubre de 2013

ERRORES Y MIEDO








 De todas las vicisitudes  que caben en la vida de un hombre  el error es el accidente, o tal vez farsa,  que mayor atención merece.
   Existen errores de tipo experimental, algunos premeditados y hasta calculados, pero son más propios de la ciencia. Rara vez se da en la vida de alguien una voluntad epistemológica con respecto a su proyección laboral, emocional y hasta de quienes pueden invertir en bols; errores se producen casi siempre tras las puertas de los laboratorios.
   El error inopinado cosifica al individuo y lo aleja como un fallo gravitacional de su equilibrio y relación con el deseo:
-          - A tal sujeto lo noqueó de por vida un exceso de confianza en los bancos e inversores.
            - A mengano un desmedido autoritarismo sobre su hija convirtió  la relación de ambos prácticamente en la de dos desconocidos.
-        - A un ciudadano que quiso hacer una política feliz y que prometía buenas maneras lo arruinó un malentendido y acentuado liderazgo.
 Luego, con el tiempo, las víctimas de estos errores y de un sinfín de extraño jaez que abarcaría un inmenso catálogo de géneros y de las combinaciones de estos, tratan de evitar en una suerte de posibilidades de no incidir en los errores ya conocidos y sobre todo sufridos. De esta manera el deseo se acota, se prohíbe, se limita a una angostura y a una fatiga en la que pierde su esencia y naturaleza. El discurso impetuoso y vehemente de la ambición pierde fuerza en la niebla, en los vapores y vahídos del temor, hasta que perece en medio del miedo, a veces asesinado por la espalda a manos del pánico en una carrera vertiginosa.
   De algún pedagogo o terapeuta leí en una ocasión que es indispensable aprender a vivir con el error del mismo modo que una caña de bambú combate al viento, con flexibilidad y fortaleza. Convivir con el error y aceptarlo, guardando el equilibrio al borde del precipicio,  todo el tiempo,  una vez que has comprobado las consecuencias de ser expulsado del paraíso de la infancia, es un ejercicio de desgaste emocional que supone que el 99% de tu existencia lo dediques al arte de la plasticidad en detrimento de la búsqueda y descubrimiento del objeto del deseo, de ese tesoro oculto que no nos atrevemos a desvelar por miedo a la secuencia de errores que pondríamos desencadenar. Una trágica entelequia, desear y ser maniatado en un mismo acto.

 Cabe preguntarse si la dignidad que tanto nos preocupa y por la que algunos continúan  luchando no es más que el reflejo de nuestra propia imagen. Un espejo en el que confundimos teoría y praxis. No deberíamos dejar de pensar nunca en el saldo de intereses que producen el error y el miedo.

viernes, 11 de octubre de 2013

Z DJ, ADICTO A LA COCA COLA








    Zorro DJD (dj del desierto), a pesar de los antecedentes delictivos de sus progenitores y de la familia de estos, está limpio. No es autor de ningún marrón perdido en los discos duros de la policía, al menos desde que el Ministerio del Interior unificara e informatizara completamente las áreas de contravenciones, quebrantamientos y simonías laicas con derechos al uso fraudulento de servicios públicos o privados (inclusive las prestaciones sociales), locales y generales, tanto en legislación fiscal como en el código civil. Podríamos decir sin ningún género de dudas que es en cuanto a la Escala cromática e incluso de cuartos de tono que separa el Bien del Mal un sujeto bien afinado y adaptado al sistema o viceversa. Zorro admira profundamente a su padre. A estas alturas de la historia de aquél la comunicación entre ambos se reduce al efecto aproximado del eco de un bufido o queja de un animal enjaulado lejos de los ojos de la sociedad. Sin embargo, siente un amor extraño hacia su progenitor. Se abstrae ante las circunstancias que suponen tener un padre que lo soslaya y a veces hasta lo desprecia. Juan Cerveza, padre de  Z dj, sí que ostenta, públicamente y en la intimidad, marrones de toda índole. Su baraja de delitos es tan compleja y oscura que la policía, cuando se queda sin ideas y recursos para resolver algún caso, termina en actitud esquizoide requiriendo su presencia en esquinas penumbrosas, suplicándole mediante una súbita y violenta opresión sobre su pescuezo para que suelte un chivatazo fácil de atrapar y grabar antes de que se escape en el aire de las calles luminosas. Odiamos la noche. Nos parece que el día es todo lo contrario al arquetipo literario, sobre todo poético, que conlleva la evocación de la noche. Es tan culta (a veces estúpidamente culterana) y simbolista….Nos gusta los puntos suspensivos.
   Juan Cerveza no tiene ni puta idea de por qué cuando su hijo pide una Coca Cola va ávido y se la toma con una actitud singular de nerviosismo e indiferencia cuando en realidad ha preguntado por la hora. Lo único que tiene claro el padre con respecto al hijo es que éste cuando prácticamente todavía era un bebé estuvo hospitalizado durante tres meses, tiempo en el que lo dio por muerto y en el que no fue a visitarlo ni una sola vez mientras que estuvo totalmente absorbido por un famoso asunto de prostitutas lituanas y cocaína adulterada con el que al final acabaron en la cárcel dos o tres famosos empresarios de la FOEGRAS.
   El hijo ha oído dos veces a su padre decir que algún día pondrá colofón a sus andanzas “matando a un par de tíos porculeros”. El padre no tiene idea ni por asomo de que el hijo padece afasia, y mucho menos la gravedad que significa el cuadro clínico que presenta Z dj. Nadie en Urbis Android, ni siquiera las docenas de médicos de cabecera que han desfilado en los últimos años por la ciudad saben que el futuro esqueleto o proyecto cerebral de dj padece una Afasia de Wernicke Sensorial, con lesiones de las áreas temporo-parietales. Se caracteriza por una deficiencia en la comprensión y un habla fluida incoherente, si bien Z dj evita la logorrea de neologismos y parafasias, ya sea por la función intuición de introversión jungiana, o por el resto de funciones que separadas o sumadas pueden hacer del individuo un ente acorazado que se protege de la minusvalía mediante una extraña estrategia empírica que usa las sensaciones, el pensamiento y el sentimiento. Cuando vemos a Z dj desbocado de bar en bar bebiendo coca colas, a veces todo el día hasta alcanzar un total de veinticinco o treinta botellas de 33 cl, podemos estar completamente seguros de que está sufriendo un ataque del tiempo. Haríamos bien en elaborar una ilustración para este documento a la manera del Goya de las Pinturas Negras, con la intención de obtener un efecto hipster o pop underground con el que llamar la atención y captar lectores sectarios o radicalizados en la poesía extrema. Aunque estamos convencidos, los usos y costumbres en la red así lo demuestran, que esto último es prácticamente imposible ya que este tipo de receptores sienten vértigo al apartarse del redil y jamás pierden de vista a sus pastores. En dicha ilustración veríamos a Cronos desnudo, barbudo y ojeroso, petrificado como una inmensa montaña y a Z dj abriendo un túnel en su boca con pico y pala. Z dj sufre una severa adicción a la coca cola y la acusa hasta alcanzar niveles casi insoportables de morbosidad sexual y misantrópica cuando intenta abrirse paso a través de los días. Esta marca recientemente desbancada en la Pax Capitalista por otra no menos prócera por su mensaje vitalista, por la Apple crematística que atomiza el dinero con una falsa filosofía sistemática de la caridad y la piedad como ya en su tiempo lo relativizó Santo Tomás de Aquino, consumida en cantidades desproporcionadas, produce un mono de irritabilidad, lentitud y pereza. Z dj pregunta por la hora y toma una coca cola durante el silencio horadado de Cronos, durante el efecto de ese oxímoron conceptual que golpea con violencia las puertas de su mente con el mutismo de la muerte.

   La meningitis le llevó a la afasia. Claro que la aparición del tiempo como su principal enemigo tuvo lugar cuando comenzó a intuir sus problemas con la comunicación y el lenguaje. Z dj se halla ocupado con imposibles figuras del Origami, materializando la celulosa industrial absorbente con una papiroflexia  con la que hace dobleces sobre lo efímero y lo eterno y, de repente, se le eriza el vello y los jugos gástricos ascienden por su esófago como un géiser de extraña factura que irrumpiera por primera vez en su paisaje. Sabe que debe tomar cuanto antes la primera coca cola del día. Antes de la práctica del Origami podía encontrarse palpando con las puntas de sus dedos las superficies de paredes y discos de vinilo. Juan Cerveza nada sabe acerca de estas costumbres o aficiones del hijo.

viernes, 6 de septiembre de 2013

URBIS ANDROID








En el diario de trabajo de  María Auxiliadora Catete, psicóloga contratada temporalmente por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Urbis Android, puede leerse en los apartados titulados “Nuevas costumbres”, “Similitudes en las diferencias que adoptan los pobres telemáticos”, o epígrafes por el estilo, que no hace tanto tiempo, sin ir más lejos, en el tiempo en el que obtener una titulación académica era socialmente tan importante como haber estado departiendo con Dios un buen rato, se acostumbraba, sobre todo en los casos de progenitores pudientes con hijos o hijas con bajas capacidades intelectuales, que estos les regalaran a los profesores de lo que se llamó BUP y COU, y por supuesto a los universitarios, jamones y paletillas de cerdo, en muchos casos de matanza propia, y quesos y lotes imponentes de bacalao y otras salazones, con la clara intención de sobornarles y arrancarles un licencioso “cinco” con el que sus vástagos honrarían el marchamo económico y político de sus familias. Puede leerse, como decíamos, en estos epígrafes señalados (escritos con bolígrafo BIC azul) con vectores que dan cierto carácter anecdótico o de curiosidad profesional por parte de la tal psicóloga María Auxiliadora Catete que, sin embargo, y a pesar del cambio brutal en la actitud de beneplácito e incluso idólatra que muchos padres, madres y alumnado adoptaban hacia los cuerpos de maestros y profesores a causa sobre todo de la pandemia de la Cultura Pop que afectó en todos los órdenes de la vida cotidiana a partir del momento en el que las bacterias localistas infectaron a las sociedades globalistas y las globalistas hicieron lo mismo con las sociedades localistas, cosas como que “a día de hoy aún sigue muy arraigada en numerosas familias esta costumbre de corromper a los docentes de esta localidad con dádivas. Últimamente, a partir de la destrucción del muro analógico, con smartfhones, tablets y ordenadores portátiles en muchos casos de dudosa procedencia; pues son presentes envueltos en papel de regalo de los bazares chinos sin tarjetas de garantía ni manuales de instrucciones (en los casos de los móviles de última generación, algunos son entregados a los enseñantes sin la conveniente información de que deben liberarlos si la compañía telefónica no coincide con la del agraciado receptor).
   Hace un lustro que el Área de Servicios Sociales le rescindió el contrato de trabajo a la psicóloga, según reza en el acta de un pleno extraordinario celebrado por entonces y al que acudieron todos los trabajadores “externos o “laborales” (eufemismos con los que las autoridades locales califican a estas almas en pena que desde el primer instante después de firmar sus contratos de trabajo comienzan a contar las horas por las que viajarán a bordo de un vehículo subterráneo en el que se ocultarán de la incipiente luz del nuevo mundo que ellos mismos y pese a sus malas conciencias y miedos están contribuyendo a construir; claro está que nos estamos refiriendo a los trabajadores y trabajadoras que jamás se han planteado leer una breve historia de Las condiciones laborales en la sucesión de los distintos sistemas políticos. Las fuentes no son fidedignas pero nos cuentan que  por entonces el Teniente de Alcalde, un ex militar con mucha mala ostia que se decía que había abandonado el ejército (según contó durante una borrachera de ron Velero con Coca cola) porque se dio cuenta a tiempo que jamás lograría ascender a General, abroncó públicamente ante los trabajadores a nuestra psicóloga por haber intentado convocar una asamblea a sus espaldas para tratar el futuro incierto de estos. Es posible que a María Auxiliadora Catete no le renovaran el contrato y al resto de los trabajadores sí a causa de este motivo.
    Nada se sabe de MAC desde entonces. Su acento autóctono, de una comarca que continúa desintegrándose a causa de la cada vez más deslavazada interrelación administrativa de sus localidades nos da una pista sobre la posibilidad de que se halle en estos momentos no demasiado lejos, trabajando, tras su refundación, en una empresa familiar, o malviviendo con un poco de suerte con la ayuda a los parados de larga duración de 426 euros. No es baladí pensar que desarrollaba bien su trabajo cuando después de tanto tiempo muchos padres y madres, algunos ya con hijos mayores de edad hablan de MAC ensalzándola y echándole de menos. Todo apunta a que sus cursillos contra el tabaquismo fueron un éxito, a pesar de que, según una estadística reciente más del 90% de los enfermos rehabilitados han vuelto a fumar. Lo que viene a decir que tal vez que ese porcentaje del 10% dejó definitivamente de fumar por causas puramente incidentales como por ejemplo sus inequívocos destinos escritos. Algún ex fumador con relativa capacidad crítica va contando por ahí que ella siempre mantenía en sus charlas terapéuticas que el verdadero problema no radica en el momento en el que la cobaya comienza a fumar (denominaba así a los fumadores, incluyéndose ella misma) sino mucho antes, digamos que en el momento idealizado por el estigma de la droga, tras la visión vidriosa que el homo sapiens obtiene a partir de la consumación de tener su primera necesidad cubierta, nos referimos evidentemente a la de tener el estómago lleno. A partir de aquí las sustancias estimulantes se encuentran a pie del camino de su segunda necesidad una vez que la primera ha desaparecido: saber exactamente qué demonios hacemos bajo el sol y la luna. Los primeros cupones de la ONCE y las primeras quinielas deportivas de aquellas pequeñas sociedades fueron raíces y hongos ingeridos tal cual de la tierra. Un poco más tarde, no mucho más, cuando los resultados manifestaban claramente que aquel método de búsqueda funcionaba, apareció de repente y sin que nadie lo esperase la primera reforma social de la historia. Los jerarcas de estos grupúsculos, esos que a día de hoy continúan jodiéndolo todo porque necesitan a todas horas la aprobación de sus congéneres, decidieron que las drogas, las apuestas que garantizaban un mínimo de felicidad debían estar sujetas a un control de producción y de beneficios colectivos. Decidieron que la metodología debía basarse en unos contenidos mucho más precisos y no tan disparatados por lo que suponían cada cuelgue o estado de gracia autodeterminado y segregacionista que proporcionaban las distintas drogas, es decir, la sustancia sería solenoide y de una atracción gravitatoria que facilitara el sentido geodésico del territorio. Dicho de otro modo, que a pesar de los cuelgues descomunales con sustancias catalogadas los drogadictos y drogadictas asumieran y respetaran en una nueva escala de valores del 1 al 10 el concepto de PROPIEDAD y PROPIETARIO como 10. Por tanto, según MAC, el problema de la adicción no estriba tanto en la dependencia de la sustancia como en el instinto localizado en una zona oscura de nuestros cerebros, a la que acudimos en principio como ardientes neófitos que acaban de descubrir El Dorado de la semi-libertad.
   Las consecuencias académicas de las “Nuevas costumbres” pueden leerse en el diario de trabajo de MAC en el capítulo “CONCLUSIONES”:
   …el caso del hijo de C.A. J. es un claro ejemplo de los efectos pasivos consecuentes de estas actitudes de connivencia de todos los agentes que participan. El hijo de C, Burraco Mix, le dio una paliza a una profesora de francés a la salida del instituto delante de cientos de alumnos y de algunos profesores porque sospechó que el smartfhone con el que ésta whatsappeaba era el que le había birlado  en el Muelle de las Carabelas en un despiste a una japonesa durante el coito que esta mantuvo en los aseos para minusválidos con un profesor asociado de inglés comercial de la Universidad Internacional. Nunca se pudo demostrar que el smartfhone fuese el sustraído a la asiática. Sin embargo, si es verificable,  y en muchos casos se puede encontrar documentado en el plan de Acción Tutorial del Instituto de Urbis Android, el seguimiento a los distintos tipos de pobreza que padecen las familias de esta localidad. En el caso del hijo menor de C. el tutor correspondiente del siguiente curso sentenció en el informe personal del alumno de este modo: “Familia con graves carencias telemáticas, incluso energéticas…………. “