domingo, 2 de junio de 2013

MANZANILLA BASTARDA








   La mula mecánica (motoazada para la aldea global y quimera analógica en la imaginación de propietarios de pequeñas parcelas a los que una vez asidos al manillar de la máquina no les importaría que ésta se transformara en el económicamente suplantado híbrido équido) no funcionaba. Todo estaba en orden. La llave roja del encendido en posición ON, la gasolina abierta, el gradual del aire previamente abierto para que entrase la vida en el motor con una explosión de alegría, y la palanca de las revoluciones al mínimo, para que la mula no saliese encabritada tras el arranque como si le hubiesen mostrado el rostro del diablo.
    Las combinaciones eran correctas, incluso el manual de mi cultura general se hallaba disponible en mi mente para poder ubicarme de nuevo (ya antes había tenido agradables experiencias con el animal metálico) en el acto predestinado a ciertos hombres-satélites que optamos en su día permanecer con relativa aflicción moral cerca del ámbito rural. Un manual en el que aparecía en su primera página como una descripción detallada de cómo se debe quemar el incienso,  el recuerdo de la lectura del relato del libro “Una vez en Europa” de John Berger “Boris compra caballos”. Cuando compré el libro en el año 1992 pensé que Berger contaría en él cosas de política o sociología. Nada más lejos. En el libro narraba las vidas extrañas (quizá no tan extrañas) de anti-héroes de la Europa rural de finales del siglo XX. Ahora, en el 2013, las vicisitudes que me han llevado a organizar un minuto de mi existencia con el intenso deseo de hacer funcionar “la máquina”, no las podía ni imaginar harto de la droga más visionaria. Mi corazón latía con fuerza, con una intensidad suficiente como para hacer que el motor de la mula se sintiese estimulado. De esto puedo dar fe, ¡vaya si arrancó! Lo hizo con la rabia contenida de quien se ha pasado varios meses amordazado y de repente puede lanzar al mediodía un grito contenido de 600 cc en su garganta. Tan sólo fueron necesarios dos intentos con mi brazo derecho anudado a la cuerda de arranque. A pesar de mi insistencia con el acelerador, la mula no se movió ni un milímetro. Sin embargo, en mi mente se encontraba la imagen estroboscópica de la mula avanzando hacia el mar de margaritas silvestres (Anthemis Arvensis, manzanilla bastarda) y mis ojos veían como los filamentos del arado desgarraban la primera capa de tierra Europa al son de una risa tan bronca que la diosa Deméter habría desaprobado como banda sonora para la película “Última batalla contra las malas hierbas”. Berger en el libro de relatos había trazado una elipse que encerraba en el plano personajes sepultados bajo las ruinas de una Europa rural que hasta ese momento se había sentido avergonzada de sí misma porque sus habitantes hasta ese momento eran incapaces de dignificar la exposición de sus cadáveres. Pero las cosas han cambiado mucho en treinta años. La vorágine telemática, de movimientos migratorios desde todos los puntos del planeta, de inversión sobre el capital en detrimento de la productividad del trabajo y de la manipulación de la información en pos de un fraudulento proyecto de unificación política, económica y social de Europa, ha dejado ver por fin en el viejo continente los puntos muertos de la conducción hacia la Liberté, Egalité y Fraternité  como los únicos lugares áureos en los que encontraremos el suficiente sosiego para la reflexión e incluso para una neognosis capaz de mostrar el reverso de la fe. En el campo, abriéndote camino entre las malas hierbas, trasegando a veces con la tierra demasiado húmeda y otras demasiado seca, podríamos descatalogar al conjunto de creencias. Por esto está prohibido construir o deconstruir en el campo. Porque es el único lugar donde pierdes la fe sin anestesia. Nada de Zola ni de Rosseau, ni de Heidegger ni Derrida, por hablar de algunas avenencias. El campo, la tierra, su olor, su color, nos abre la mente y la deja en blanco, nos devuelve a nuestro estado animal, nos coloca por unos instantes en la línea de salida.
   Fue mi hijo quien se dio cuenta del mal que la mula padecía.
-         ¡Papá!, ¿No ves que la correa de transmisión está partida? Es imposible que se muevan los arados.
-         ……..
Miré por una pequeña rendija de plástico y pude comprobar que en la penumbra existía algo parecido a una sierpe o sombra de la misma, hibernando o yacente como reliquia de elaboración humana en el ara que todas las máquinas averiadas llevan consigo.
-         ¿Ves?, eso es la correa. Y está cortada.
-         ¿Cuándo fue la última vez que usamos esta mierda?, pregunté
-         ……
Caminando hacia el interior de mis recuerdos en relación a la máquina pude ver y oír durante unos instantes una columnita de humo negro y un chirrido de pájaros en el interior de la tierra. Efectivamente habían pasado dos estaciones desde que deambulé por última vez por la media fanega de terreno de un rincón para otro. Cinco o seis meses habían pasado  con la mula cubierta por un toldo y creyendo que el animal estaba vivo cuando en realidad había fallecido en otoño.
  La cuestión era resucitar a la mula u olvidarnos de ella. Opté por lo primero y me dirigí rápido, restregando nuestro turismo contra la pleamar  de margaritas y con los últimos minutos del horario comercial del fin de semana pisándome los talones, al pueblo para comprar una correa de trasmisión idéntica a la que previamente, casi en cuestión de segundos, le habíamos arrancado de sus entrañas al animal. Durante el corto viaje palingenésico de ida y vuelta  recordé la similitud entre el fuego y las cataratas que Berger expone en su relato “Boris compra caballos”: …….Los fuegos y las grandes cataratas tienen algo en común. Está el agua en forma de lluvia que el viento separa de la cascada, y están las llamas; está la pared de roca, chorreando y erosionándose a ojos vistas, y está la desintegración de lo que se quema; está el estrépito del agua, y está el terrible crepitar del fuego. Y, sin embargo en el centro de los dos, del fuego y de la catarata, hay una calma persistente. Y es esta calma la que es catastrófica. (sic), Ed. Alfaguara. 1992. Traducción de Pilar Vázquez.
   Esta primavera ha sido tal vez la más lluviosa, la más torrencial de todas por las que he pasado. Para las estadísticas meteorológicas puede que esto sea un dato importante, pero para mi percepción de la sucesión de los días, de los cambios de temperatura y presión atmosférica, de la aparición y desaparición de todos los tipos de nubes con todos sus colores, el historial de datos que corroboran el cambio de aspecto en la propia naturaleza tiene las mismas consecuencias que el crepitar del fuego y la erosión de la que da cuenta Berger. En realidad, la vida en el campo sigue siendo igual que hace cientos de años. No ocurre nada, no hay picos en sus percentiles sociales y económicos. Si los hay es porque ha dejado de ser campo y se ha convertido en una burbuja conectada misteriosamente a través del marketing y los movimientos comerciales con las urbes (explotaciones dependientes de la rentabilidad y variables en sus ubicaciones según los intereses de los inversores). El campo, lo inmutable, es el interior de la catarata y del fuego.
Una vez colocada la nueva correa de transmisión, pensé, las poleas comenzarían a moverse y la mula también, en la dirección de un movimiento circular que siempre permanece en el mismo lugar pero que sería fatal para la manzanilla bastarda.




domingo, 19 de mayo de 2013

HISTORIAS DEL DESIERTO











   Zorro DJD (dj del desierto)  continuaba elucubrando, en el paño de celulosa absorbente que hacía ya el número 527 del rollo industrial por estrenar con el que había tropezado casualmente en un servicio para minusválidos del hospital especialmente rediseñado para la rehabilitación de personas con miembros amputados, y que las autoridades competentes estuvieron a punto de demoler ante la inoperatividad del edificio a causa su contraindicación para la accesibilidad y el envejecimiento de su estructura basada en cientos de muros de carga. Zorro divagaba, ejercicio que cumplía fielmente desde que abandonó definitivamente allá, alrededor de las fronteras imaginarias del mapa de su primera infancia, muy cerca de su sexto cumpleaños, zascandileaba, evitando como siempre, los convencionalismos capitales de lo que se ha dado llamar Sociedad Desarrollada. Para él un pliegue diagonal en el paño de celulosa 527 que en el arte de la papiroflexia origami podría ser el primer paso para transformar la materia en cosas, utensilios u objetos inimaginables, tiene mayor interés y posibilidades de éxito que cualquier intento de modificación, por muy de justicia que sea, en el tejido social. La celulosa absorbente es, tras una industrialización inopinada de las realidades de la vida doméstica, una de las mayores manifestaciones de la democratización en la historia del arte de todas las culturas.
    En Japón, el origami, durante el periodo Heian del 794 al 1185 formó parte importante en las ceremonias de la nobleza, pues doblar papel era un lujo que solo personas de posición económica acomodada podían darse. Entre 1338 y 1573 del periodo Muromachi, el papel se volvió lo suficientemente barato para todos, y el estilo de origami servía para distinguir un estrato social de otro, por ejemplo entre un samurái aristócrata y un campesino. Actualmente podríamos pensar en una papiroflexia en celulosa absorbente como manifestación oportuna para democratizar la destrucción total del aura de la obra de arte de la que nos hablaba W. Benjamin. Un arte legitimado por los sindicatos de los trabajadores y ONGs no gubernamentales con vocación pedagógica para la universalización y reconocimiento de la capacidad creativa de todos los humildes demiurgos que andan a trompicones por el mundo. Tres horas continuas de papiroflexia de formas imposibles en celulosa absorbente equivaldría a una secuencia de treinta segundos de duración de mates y devoluciones de los mismos en el último punto de ventaja para el receptor de estas  arremetidas violentas en la final del campeonato local de tenis de mesa para veteranos.
   Pero Zorro DJD no tenía ningún interés por el origami. En su visita al hospital para amputados tropezó con aquel gran rollo de celulosa y pensó que con aquello podría fabricar una descomunal cola para su cometa. Decenas de metros serpenteando en el aire como un ofidio volador con el que homenajearía a su amigo Cándido, dj también, en rehabilitación con los dos antebrazos y manos protésicas tras el espantoso accidente que sufrió cuando se le vino encima la enorme pantalla acústica de 25.000 vatios en altavoces concatenados, montados para intentar cumplir con el sueño de Zorro: pinchar en el desierto del Sáhara (o similar) en un concierto sin espectadores –un solo espectador provocaría la suspensión del concierto- con una potencia de 100.000 vatios. Zorro se considera ante todo un dj inepto para estadios y parques, y mucho más para locales cerrados. Él odia profundamente la filiación y a veces hasta la conversación; “El hombre se aniquila a sí mismo en la gestión de la compañía”, le ha confesado alguna vez a Cándido. 
   Zorro djd reconsideró la idea de la gran cola de cometa y concluyó tras una aceleración repentina de su afasia que durante el periodo de rehabilitación de Cándido estaría condenado a la creación de miles de objetos y formas origami imposibles. Así se lo dictaba el alma y con el lenguaje de ésta descubrió que su falta de comprensión de las palabras era absoluta. Su sueño de pinchar en el desierto y su afición a las cometas eran actitudes más que suficientes para que un tribunal de talentos le diagnosticara una alta capacidad como monitor de actividades lúdicas al aire libre. Los tribunales de la Sociedad Desarrollada siempre encuentran un terreno por abonar para cada individuo o un individuo para fertilizar tal campo para que sea rentable cualquier conducta díscola aparentemente irreductible. Sin ir más lejos, una esquizofrenia profunda es un buen pedregal para invertir en I­­­­­+D. Con el tratamiento adecuado podrían polarizar un trastorno mental de esas características y reciclar desechos humanos olvidados en muchas unidades de salud mental con la encomiable intención de devolverles a estos elegidos/as que tomaron  en su día el rumbo hacia el no-lugar en la tierra, un sitio que imaginado por las mentes sanas de la medicina parece una dimensión en mengua progresiva, con una espacio cada vez más reducido, ya que cada enfermo mental tiene más que ver con un Ítem del cuestionario del análisis psicológico que con la salvación del mundo de la locura general. Esta sensación para un profano sobrio es como el descenso sin frenos por la pendiente más pronunciada que pueda imaginar. Existen por tanto tantos trastornos mentales como personas con vida. Así se matarían dos pájaros de un tiro. Con el I+D se fortalecería la economía a través de la industria farmacológica y de los medios de comunicación, y abriríamos una puerta a la esperanza para la supervivencia de la humanidad mandando a un nutrido grupo de esquizofrénicos polarizados al planeta Marte. Las actas de reuniones del tribunal correspondiente darían bastante para un posterior estudio de las indicaciones y contraindicaciones de abono para terrenos baldíos.
    Cuando Zorro djd intentó hacer su primer pliegue en el paño 527 observó estupefacto que la celulosa blanca rezumaba líquido rojo. Él no lo sabe pero acaba de crear la papiroflexia linfática. Los intersticios de los tejidos bajo la piel de las yemas de sus dedos índices han concentrado demasiada sangre y los vasos linfáticos son incapaces de reconducir tanta cantidad de plasma hacia los conductos de sangre venosa. Su ejercicio origami ha sido hasta tal punto tan incogitado para su afasia que toda su actividad mental se ha transformado en pensamiento táctil. La negación de las palabras ha dado paso a un reseteo en el sistema de elucubraciones. En breve a los tribunales de talentos les resultará imposible llevar a cabo sus deliberaciones sin el nuevo catálogo de conductas ajenas al pensamiento.
   

sábado, 27 de abril de 2013

TERCERA PERSONA






C. aprovecha la oferta de helados que la cadena de supermercados DIA% ha lanzado durante el último mes. En este tiempo ha conseguido con sus cupones almacenar en su terminal criónico diseñado al margen de los nuevos Programas de Obselescencia de Última Generación y también quizá como la única consecuencia de provecho en las vidas del nuevo proletariado nacido tras las estrategias de los posibles modos de supervivencia en caso de guerra nuclear en lo que se llamó Guerra Fría, más de doscientos conos de vainilla y chocolate. En esto, de repente me ha abordado con su aliento cromado la disertación de un escritor, uno de esos reconocidos y loados por otros reconocidos y ensalzados escritores que necesitan meter varias veces la marcha trasera en sus maniobras de aparcamiento, que alguien ha compartido en Facebook para que puedan leerlo escritores y escritoras que piensan que ellos sólo necesitan un simple giro del volante de sus potentes Ferraris para dejarlos clavados e inmaculados en cordón frente al intocable Instituto Cervantes que cada cual lleva en lo más hondo de sus corazones; como digo, alguien cuelga un enlace que asevera que narrar en tercera persona resulta a estas alturas de la historia de la literatura una actitud cuando menos inmoral, supongo que por aquello de la despersonalización hueca del individuo que usa los cuerpos y mentes ajenas  para un análisis social o circunstancial y cuya vía sólo puede tener un devengo descontextualizado. YO al cuadrado, necesita (necesito) al menos en esta ocasión, para no enredarme en mis dasavenencias con la filosofía de las ofertas comerciales en el campo de la alimentación nombrar a C., ama de casa, reina del trasiego por los pasillos de las grandes superficies, que por veinticinco céntimos diarios el cono helado, mitigará la violencia del sol en la canícula-2013 y la desestructuración de los pensamientos de dos hijos parados de larga duración bajo el mismo techo y sus respectivas novias, madres limpiaescaleras, peluquerasadomicilio dependientes a su vez de otras madresconseguidorasdevalesparaeleconomatodecáritasbajoelmismosolavasallador.
   Pensándolo bien “la tercera persona” es la mejor arma para diseccionar el sintagma y arrojar al Sujeto en medio del camino. “La tercera persona” es el efecto final de los procedimientos, ya sea según la Teoría del caos, o según la teoría sobradamente conocida de “La Inevitable Basura que genera Todo Sistema de Producción”. Veamos:
   C. decide todo lo contrario, que no son necesario los helados, puesto que no son un elemento básico para la alimentación. ¿Qué hacen los distribuidores y más tarde los productores con sus excedentes de azúcar, leche y huevos? De repente, igual que en el caso del escritor que tilda de inmoral a la “Tercera persona”, aparece el “Consultor” (psicólogosociólogoexpertoprofesionalformadoenlosmejoresmastersdelasmejoresuniversidadesdelmundoespecialistaenC.) y arroja a C. en medio del camino como antes se arrojó a la “Tercera persona”.
   El Consultor se hace con todos los excedentes y después se concentra profundamente en C.
  C. focaliza toda su atención en elementos básicos; huevos, azúcar y leche. Pero un instante antes no ha podido evitar mirar de soslayo la oferta de los helados. C. cada vez que va a buscar sus elementos básicos  debe hacer la ida y la vuelta y pasar ante la oferta al menos dos veces por semana. O lo que es lo mismo ocho veces por mes. C. sabe que el lugar más económico para obtener sus elementos básicos es este supermercado. No sé si ella se planteará la cuestión inmoral de la “Tercera Persona”.


viernes, 19 de abril de 2013

JOHNNY Y LA POLIFONÍA.









Johnny sufre en la clase de piano por encima de la media aconsejable porque se pierde en la polifonía. Pertenece a esa generación nacida en el seno de familias-burguer españolas, Volkswagenianas y más tarde degenerativas en el Audismo y también en el Bemeuvedismo, en el origen del trasunto del parque móvil que niega la separación de las clases sociales por el procedimiento del vaciado-tuneado, tal vez incluso bendecidas por la diosa Fortuna en los amaneceres de los botellones a medio camino entre la “Salsa-bakalao” y el “Acid house” de domingo mañanero. Sin embargo, a pesar de su más que probable procedencia como hijo del amor nacido de Sustancias asequibles para el bolsillo de aquel joven mundo obrero que se asomaba tal vez por penúltima vez al jardín del edén, Johnny oyó un día que Soledad (su madre) y Francisco (su padre) cogían uno de sus últimos grandes colocones a base de cocaína-speed (de todo menos cocaína) y ron negro con cola de marca blanca, por abandono o descuido del mando de la pantalla líquida, una versión para piano del Preludio nº1 del primer volumen del Clave Bien Temperado de Juan Sebastian Bach.
   Cualquier neurólogo infantil diría que el aparente minimalismo de esta pieza barroca actuó en el cerebro de Johnny a modo de disolvente sostenible. Pues a partir de ese momento el Preludio se convirtió en una sosegada obstinación que le llevó sin apenas esfuerzo a almacenar miles de versiones, la mayoría del You Tube, y que imitaba tocando en el aire a distintas velocidades y dinámicas en su cuarto a oscuras.
    El conservatorio debe hacer su trabajo vendiendo las motos (por ejemplo una Guzzi 65 cc del 51 con todos los extras). Nadie quiere una vieja moto hasta que se monta en ella y siente su débil motor bajo sus piernas. Los profesores de los conservatorios (¿cualquier conservatorio? Sí, cualquiera de ellos, a pesar de que muchos docentes odian la ubicación de sus cuerpos dentro del sistema) lo saben e invitan a los niños en horario escolar para que oigan como suenan las Ducati, Montesa, Ossa, y Puch entre otras, y siempre de segunda mano. Eso sí, se muestra a los educandos un itinerario que va desde la catártica “Gallina Turuleta” hasta la marcha fúnebre de Chopin. Mostramos y demostramos esos caminos eclécticos porque las motos son los mejores vehículos para viajar desnudos. Los sonidos de esos motores son frágiles. Son motos que han vivido ya muchas vidas y aceptado muchas manos en sus manillares y patadas en sus anticuadas palancas de arranque. Poseen una tecnología del sudor y el esfuerzo humanos. Vas encima de sus lomos y sin embargo sientes que tus pies y tus manos son los verdaderos impulsores de la velocidad, que estás muy cerca de ser un espíritu trotamundos embrionario. Muchas personas que practican deporte comparan esta experiencia con el éxtasis atlético de atravesar “El muro” de la carrera de fondo.
   Pero a Johnny no le satisface lo suficiente esta vida motera. La subitánea experiencia del viaje vertical le obsesiona desde hace semanas. Siente que el viaje horizontal sobre el mundo es ocioso e incluso poco ético. Claro que Johnny cuando más tarde compruebe (si las circunstancias en su vida son propicias para un ulterior desarrollo del aprendizaje de la historia como cuestión básica e ineludible para un individuo que menosprecie de manera suficiente el presente, y no porque se lo enseñen en la clase de historia de la música, eso es cosa bien distinta al aprehender, sino por esculcar para matar a sus parásitos académicos) que en el Renacimiento compositores de la escuela francoflamenca como Guillaume Dufay, Josquin Desprez, Orlando di Lasso o Johannes Ockeghem, llevaron a la cumbre el arte de la Polifonía, y que fue un tal Palestrina en Italia quien salvó este procedimiento de las garras de la iglesia de Roma con un método rebajado del desarrollo de las voces para que el “texto” pudiera ser inteligible, se sentirá probablemente engañado y más tarde desilusionado, hasta el punto que acabará con una visión del arte de la música radicalmente politizado. Tras esto, tras esa pérdida de la inocencia, el entretenimiento del arte pasará a ser “lucha contra el poder”, “lucha para salvar a la verdad”. Todo esto si Johnny llega a tiempo para asumir la infelicidad de quien renuncia al protagonismo  y comprende que para que todas las voces se oigan ninguna debe tener mayor intensidad que el resto, si llega a tiempo para comprender que las motos son para compartirlas, si llega a tiempo para comprender que lo innombrable es lo esencial y no así el texto.
Origen del conflicto: un Preludio engañósamente minimalista.
Solución al conflicto: Johnny debe aprender con destreza desmontar y montar motores.

domingo, 31 de marzo de 2013

GENTE CON TALENTO






Por lo del talento, la suerte y todo eso.
Hay gente que gana muchísimo dinero por subir a un escenario, escribir libros que se venden como rosquillas, hacer de consultores de consultores o por diseñar un WC que recicla las heces y las transforma en energía para las bombillas de sus casas. Es el lado brillante, legal y honesto ante tanta corrupción y abusos en este tan extraño contexto sociohistórico que nos ha tocado vivir. Es el mundo que el tío Sam ha iluminado para ti, sólo y exclusivamente para ti.
  La gente con talento cogen a tiempo los trenes que pasan por sus vidas. Pero tío, tú ni siquiera tienes talento, no hay ningún tren que se acerque a un kilómetro de dónde hayas dejado caer ese montón de carne, no tienes cojones de hacer algo de verdad por ti. Por ejemplo, la gente que gana millones de euros en un pleito guardan ese dinero en un gran banco, le dará intereses y además contribuirá a que nuestro contexto sociohistórico no se agriete y que ese dinero fluya por las tuberías sin la más mínima perdida.
  Reza capullo, es lo único que puedes hacer sin talento. Sigue creyendo que esa actitud crítica es el talento verdadero. Reza, repta, reza de nuevo para que tu prole tenga talento. Y recuerda, la suerte sin talento y sin sacrificio no es nada. Reza inútil, reza.

domingo, 24 de marzo de 2013

FRAGMENTO DE LA PESADILLA QUE UNA ALUMNA DE UN TALLER DE ESCRITURA CREATIVA TUVO LA SEMANA PASADA HACIENTO EQUILIBRIO EN LA CÚSPIDE DEL RASCACIELOS MÁS ALTO DE DUBAI.





-         Es inevitable no mostrar en muchos momentos del día el orín de tus amistades. Sólo una pequeña porción de lo que tú eres se conserva en la caverna como un queso azul. El resto se va cubriendo  de herrumbre hasta contagiar completamente de óxido a la estructura del arca que albergará a todos en un maravilloso viaje.
García (el apellido más común en España según el Trivial Pursuit) se encontraba encaramado en la rama más alta del castaño y vociferaba, hablaba con una demanda en su timbre de voz que parecía  maldecír a su madre por no haberle traído el megáfono que le regaló para su dieciocho cumpleaños.
-         Huele, huele las flores de este castaño. He comprobado lo que contaba el marqués de Sade en uno de sus cuentos. Huele a lo que fabrico en el interior de mis escrotos. A veces pienso que en lugar de semen debería segregar gasolina para que tú y yo podamos huir en mi sidecar hasta el definitivo infierno.
Isabel Virgen miraba a su novio (nunca quiso tener un novio hasta que se enamoró perdidamente de García en una sesión de Trivial) contra el sol  y éste le quemaba los ojos. “Maldito hijo de puta. Nunca vas a soltar el soplete”, masculló recordando a su padre de oficio soldador que se pasaba todo el día reparando los desperfectos en las puertas de hierro de la casa de ambos.
Una hora antes García le había revelado a Isabel Virgen que la ACPN –asociación contra la proliferación de nomenclaturas- había dejado en su bandeja un mensaje en el que le avisaban que los recogerían en un autobús específico para pasajeros que estén dispuestos a colonizar el aire que aún queda sin contaminar de señales wi-fi, o frecuencias de radio y televisión. Su cometido consistiría en, una vez localizado como mínimo un metro cúbico de aire puro gritar hasta la extenuación si es preciso con alaridos metálicos. Para ello debería al menos haber lamido durante una hora un best-seller de los años sesenta leído por un hippy encanutado por marihuana de cosecha y elaboración propia.
-         Viena ya el autobús?
-         Creo que todavía es temprano (en latín)
-         Maldita ACPN! Siempre haciendo promesas que nunca pueden cumplir. Tendré que darle la razón al indeseable de mi padre cuando dice que me falta lo más importante. Un minuto de paciencia.
García vio cómo se acercaba por el oeste M. Foucault disfrazado de lobo, porque ya no era posestructuralista ni posmoderno, y con su libro en inglés “Las palabras y las cosas” en su mano izquierda. No le dio tiempo a tomar las debidas precauciones antes de que Isabel Virgen se asustase primero y después se enamorase del lobo.


    

viernes, 8 de marzo de 2013

LA NULIDAD DE LAS EMOCIONES






    El ánimo, esa trampa que la vida a diario nos obliga a asumir como una indumentaria que unos seres anónimos a los que ni puedes imaginar eligen para tu aspecto (para quienes lean esto y quieran tomárselo al pie de la letra, me refiero al “ánimo” entendido por la RAE en su tercera acepción por intención y voluntad). Trampa, porque al contrario de lo que dice el dicho, las palabras no se las lleva el viento. Quedan en la memoria de los demás y en forma de anticuerpos en nuestras bocas, como restos de una candidiasis oral de la que difícilmente nos recuperaremos. Indumentaria, porque dicho ánimo cambia  del mismo modo que la vestimenta, según sea para nuestro adorno o abrigo. Lo peor es que más de una vez nos han puesto un abrigo cuando más calor hacía o nos han vestido con elegancia para un evento infraordinario. Y seres anónimos porque en nuestro interior se decide aleatoriamente (no hay decisión parlamentaria) entre todos los representantes que lo habitan quien de ellos prenderá la mirada y las palabras.
   Claro que el ánimo podemos estimularlo si así lo queremos. Existen múltiples métodos para adulterarlo, quiero decir, para subirlo a la nubes. Técnicas de autocontrol y también, por qué no, de descontrol, se usan para un fin determinado. Para competir en la dimensión social o para adentrarnos aún más en nuestras oscuridades. Pero no me refiero aquí a estos tipos de planificación y optimización del ánimo. Me refiero a eso que llaman inteligencia emocional,  y que no es otra cosa que el minuto a minuto compartido e interactivado entre hombres y mujeres, eso que cargamos sobre nuestras espaldas como porteadores en el frío polar (inteligencia interpersonal) y la canícula (inteligencia intrapersonal). También puede ser al revés según se mire.
   En este inmenso mapa de neuronas sofocadas y desinhibidas, en tal circuito inaugurado por el golpe mortal de Caín a Abel, puede observarse el caos producido por el incesante movimiento de las fronteras. Mapa descrito= constante cambio de fronteras políticas y culturales (no físicas) en Europa a lo largo de su historia que nos ha traído hasta este lugar demencial.
   La imposibilidad o trastorno para una adecuada ejecución de relaciones positivas entre el mundo interpersonal e intrapersonal es a causa de la indescifrable composición de un viejo virus conocido por todos. El miedo. Sencillo y aterrador.