sábado, 10 de diciembre de 2011

DULCE MUERTE





Puedo ver al ejecutor, al matarife, ya que nadie sabe nada sobre el dictamen de sentencias de muerte, bajo el pórtico que se levantó para los sacrificios en la nueva Babel. Ajetreado pero sin aspavientos, parece ensimismado con pensamientos que no son de este mundo. Quizás esté elaborando un plan para su vida una vez que acabe la hecatombe que le fue encomendada. Por lo que yo entiendo se le ve tranquilo y eficaz en su cometido.
Aún queda muy lejos mi turno, me pierdo al final de la cola y compruebo que mis semejantes no paran de palpar sus rostros, algunos con más excitación que otros. Parece que esta mañana han desaparecido todos los espejos y nadie ha podido ser testigo y dar constancia de su autenticidad. Nadie ha podido comprobar hoy quien es, aunque sí pueda evidenciar en una serie que va más allá de lo que se puede divisar, las facciones anónimas e intrigantes de sus congéneres. Veo a gente que está haciéndose fotos una y otra vez a sí misma con sus móviles y que por sus gestos no queda convencida del resultado en las pantallas. El cielo está totalmente despejado. Es la misma luz que hemos visto no sé cuántas veces, la misma brisa suave que apenas mueve unos milímetros las hojas de los árboles, la idéntica fuerza que el suelo ejerce sobre las plantas de nuestros pies desde que la memoria indica que si queremos calmar una necesidad debemos ir desmemoriados a un lugar siempre desconocido. La cola avanza lentamente, como deleitándose en la muerte. Todo el mudo guarda orden. Tan sólo las víctimas que se encuentran más próximas a la hora final, alzan el cuello y buscan la diagonal de una buena perspectiva para ver como el brazo del matarife, elástico y flexible, usa el jifero como una tenista experto para dar el mate final. No hay dolor, éste como mínimo se huele, y no es el caso. Todo es silencio, incluido el matadero. Ni siquiera median neumas entre el degollador y nuestros cuerpos. Todo se encuentra dentro de la normalidad, excepto un detalle.
En las grandes matanzas Babel siempre ha tenido el problema de deshacerse de los cuerpos y de limpiar la sangre. Fosas y piras han sido las soluciones adecuadas. Para esta que nos ha tocado vivir, los ingenieros idearon una tecnología de vanguardia. Las víctimas se acuestan en el altar y el cuchillo penetra sus cuellos sin producir ni una gota de sangre. Sin sufrimientos, los cuerpos y sus ropas se esfuman a los pocos segundos. Como digo la sofisticación está demasiado desarrollada. No sé a mis semejantes pero a mí este tipo de muerte es lo único que me produce un relativo malestar en el aguardo de la cola. Siempre pensé para mi muerte una enfermedad crónica, un grave accidente o una natural declinación de la vida. Ni por asomo hubiera imaginado expirar con este método tan exclusivo, tan determinante como la última nota de una obra musical. Por lo demás todo va como la seda. Tengo a un paso hacia adelante a una muchacha preciosa con curvas sinuosas como las hace el viento para atravesar las calles estrechas de una ciudad, y a otro hacia atrás a un adolescente que lee un periódico con mirada inteligente.
Es mi turno. Me acuesto y dasabrocho los primeros botones de mi camisa ante la indiferencia del matarife. El cuchillo se dispone a cortar el aire. No cerraré los ojos. Tengo dos segundos para ver las viñetas de mi vida. En una cortan mi cordón umbilical y en las siguientes… No hay siguientes. Los ingenieros dispusieron que para no sufrir lo mejor era eliminar paulatinamente la memoria.


Para "El periódico de Huelva".

viernes, 2 de diciembre de 2011

EL DELEGADO ENAMORADO




No es siempre mierda lo que ahora reluce y hasta es posible que se encuentre oro debajo de ésta. Las Españas profundas, picaras y corruptas como las del Lazarillo de Tormes o las de las pinturas negras de Goya, son ahora las de los votos conservadores que para el próximo año quieren moderar las peregrinaciones del día de campo sólo con lo puesto, sin cubatas ni pastelitos que nos endulcen la vida de domingueros que miraran la puesta de sol en un arrebatador sueño en el que vislumbraremos innumerables puestos de trabajo. Dicen que el verano que viene tendremos que pasar la banda de nuestras cartillas de ahorro en las puertas de los chiringuitos en una medida de seguridad nacional para poder cumplir con el déficit cero de la eurogloria. Sí, estas Españas en manos de santos fachas neocatecuménicos capitalistas, de melenas bien acondicionadas y cardadas, y de izquierdosos popapocalípticos que se empeñan en pasar siempre la misma película de españolitos zombis comiéndose las entrañas de los españolitos quijotes, todavía no se han dado cuenta de que existen cuarenta y cinco millones de Españas y que lo que necesitan es amor.
Lo primero que deberías hacer, mártir Rajoy, es hacerle un monumento en la puerta del sol al único profeta que ha existido en la democracia, al visionario hijo de Dios Jesús Puente con su caravana de las noches de los domingos “Lo que necesitas es amor”. Imanol Arias o la selección española de fútbol se le quedan en un dengue. De aquella crisis de los noventa salimos gracias al amor….bueno y también gracias a un tanto nada despreciable eh, de las bacanales que celebrábamos alrededor del ladrillo tótem.
¡San Mariano, por lo que más quieras, tú que te entiendes mejor con Dios, y con los mecenas de la ciencia, clona ya a Don Jesús Puente y nómbrale ministro de trabajo!
Así no vamos bien. Si no hay amor no somos nada. Si no hay amor de más está que nos apretemos el cinturón hasta el último agujero. Otra cosa, perseverante Mariano, la primera ley que apruebes que sea de obligatoriedad para todos los políticos. Que lean a palo seco antes de desayunar la carta a los corintios de Pablo del frenesí, perdón quise decir de Tarso. Nada es posible sin el amor. Por él se tira todo por la borda si es necesario. Que lean y que se vayan de putas o de putos, que yo sé que en el fondo tú no tienes nada en contra de los promiscuos ni del amor libre, que sé que esto de los votos te trae hablando solo y que serás uno de los santos más grandes de España. Piénsalo bien porque a partir de ahora tendremos tres caminos; el de la obra de Dios, el de Santiago y el de las putas. Sí, no pongas esa cara y pídele hora y fecha al exdelegado de Huelva de obras públicas. Todo lo que cuentan de él es mentira. No usó seis o siete veces la tarjeta de crédito del ayuntamiento del que por entonces era alcalde con el ánimo, para que tú me entiendas, de putear. El exdelegado es el primer mártir de la nueva era conservadora. Le dio tantas veces a la tarjeta porque se enamoró perdidamente de un montón de putas. Una voz divina le dijo que fuera a un templo de Camas, en Sevilla, para ver de cerca la penitencia de las santas putas. Tantos sinsabores en el cabildo no eran nada comparables con el peso que tienen que soportar las verdaderas salvadoras de las Españas. El exdelegado tuvo insufribles tentaciones pero no cayó en el vulgar amor carnal. Se limitó a mesar cabellos y se arrojó a las simas de ojos de putas como Jesucristo en el desierto. Y ahora todas las putas se han enamorado del exdelegado. Toma nota San Mariano de otro mártir y visionario que lo dio todo por amor.

sábado, 26 de noviembre de 2011

HERMANOS





Nos pasamos el día buscando novedades, alguna primicia que en la rutina de nuestras vidas, por muy privilegiada y sosegada que sea, nos eleve a una visión permanente del paraíso, a un estado espiritual que aun aceptando la inevitable muerte nos ayude a atravesar el umbral que separa nuestra vulnerabilidad de al menos una pequeña porción del poder eterno. Miramos alrededor y no hallamos en la realidad que nos envuelve ese lugar recóndito donde creemos que habita la solución, o tal vez el modo de liberarnos en ese mismo lugar de eso que pesa tan desproporcionadamente y que nos impide el establecimiento de nuestra felicidad. Buscamos sin saber qué exactamente, pero buscamos.
Somos agujeros negros que lo devoran todo. Y por devorar lo hacemos incluso entre nosotros mismos. Agujeros que se tragan unos a otros en la extensión salvaje de este hábitat heredado de nuestros antepasados en la evolución de la especie. Pues a pesar de haber transcurrido cientos de miles de años continuamos luchando por el liderazgo o cuando menos por ganarnos el favor de quien lo ostente. Todavía sentimos ese miedo a perdernos en la soledad y a merced de los depredadores. La resolución de no quedarnos solos ante la observancia de nuestros sentimientos nos empuja a ser “demasiado humanos”. Contradictorios como muchos de los aforismos de Nietzsche en el libro del mismo nombre, apostamos en la penúltima jugada por tomar asiento y apoltronarnos en el accidente. Cada cual puede “trascender” o no sobre lo que consideramos de justicia. Es una opción libre que podemos tomar apurando hasta el límite, pero que todo el mundo la considera indispensable para construir una sociedad ecuánime en la distribución de los bienes.
Existe una sensibilización centrípeta en cuestiones que hemos asumido como inalterables, pertenecientes a ese milagro extraño donde se mezclan en el dogma lo político, lo científico e incluso lo religioso, y paladeamos como un triunfo las nobles causas contra el hambre en el mundo, contra la guerra, contra la tortura y la pena de muerte, contra la violencia de género, contra las agresiones al medio ambiente y hasta contra el maltrato animal entre otras muchas más honrosas actitudes impensables hasta hace, para la historia de la infamia, unos momentos. Sin embargo, esta búsqueda de no se sabe qué o de la felicidad, ejerce una fuerza contraria y acabamos siendo centrífugos por la inercia inexplicable del viaje a nuestros ombligos.
Recuerdo la escena en la película Hermano, de Marcel Rasquin, ganadora del colón de oro del festival del cine iberoamericano en su edición de 2010, en la que el entrenador de un equipo de fútbol arenga a sus jugadores diciéndoles: “En la vida siempre nos van a caer goles. Por eso es que todos los días tenemos que levantarnos convencidos que el juego va cero a cero. Ustedes son familia, son hermanos, y en los próximos cuarenta y cinco minutos ustedes lo van a dar todo por su familia”. Recuerdo también la película de Wim Wenders “Cielo sobre Berlín”, inspirada en el libro “El peso del mundo” de Peter Handke, en la que un Ángel desea y acaba convirtiéndose en un ser humano”. Recuerdo grandes hechos y palabras del arte clavados como puñales en el cuerpo invencible e inmortal de esa perdición llamada Egoismo.


Artículo para "El periódico de Huelva".

viernes, 11 de noviembre de 2011

FUERA DE CONTROL






Fue en una edición on line de un periódico de tirada nacional donde leí que, de los cinco millones de parados que hay en España, más de cuatrocientos mil han arrojado la toalla y ya no buscan trabajo.
Siempre que leo en estos soportes, mi atención acaba sesgándose hacia la duda y el escrúpulo. Parece como si la realidad que proyectan estos periódicos fuera descomponiendo el presente en trozos que van cayendo por el precipicio de la urgencia y del apremio que no contempla el pestañeo ni la posibilidad de pensar. Desde el otro lado de la pantalla de tu PC, la emisión de las líneas de la literatura adquiere el aspecto aparentemente desordenado de la boca de un vesánico hormiguero. Y es que para mí no hay nada como el tacto y la sensación de pausa de un diario de papel, incluso si es en blanco y negro. Hecho éste nada extraño en un sujeto que mamó y se hizo adulto en el siglo XX, que sufre los reflejos y las molestias de los desajustes sociales que se dan, como apuntaba el ensayo escrito allá por los noventa por el sociólogo G. Lipovetsky , en “El Imperio de lo efímero”.
Sin embargo, esta noticia me desconectó de esa realidad y quedé inmovilizado como una estatua al borde del precipicio. Más de cuatrocientos mil parados se han quedado sin batería y fuera del control de lo efímero. Ya no luchan. Pensé en soporte-papel que, letárgicos y entumecidos, en una pesadilla y desvaríos bajo mínimos, alterarán el aspecto y el interior del orden imperante y sanarán sus heridas, tomarán aliento y como árboles arrancados que interfirieron el trazado de una carretera, renacerán agrietando el asfalto hasta hacerlo intransitable. Puede parecer que la gente esté tan cansada, tan aburrida de intentarlo todo, que la elección, si es que se le puede llamar así, sea cruzarse de brazos y a lo que Dios quiera o el río según el caudal devenga. Es el resultado de un combate donde los vencedores y los perdedores están predestinados. Demasiado fácil para unos y sangrante para otros. Pero no demasiado determinante para la historia del mundo.
Es muy posible que intenten reconducir a los exangües desempleados por esa carretera que al final convertirán en autopista. Porque al final serán seguramente muchas miles de raíces más minando el pavimento. Incluso podrán ponerlos de nuevo en manos de los servidores de lo efímero, pero no podrán prever las direcciones de esos rizomas fuera de control. Bulbos que con el tiempo incuban en el interior del hormiguero la escritura oculta del futuro.
La épica es incontrolable, y al final del camino, al que llegaremos antes o después, más de cuatrocientos mil parados desesperados y cruzados de brazos en la terminal de lo perentorio, no habrá Dios que lo soporte. Ni los de la Ilíada de Homero ni los de la plutocracia que cree en el olvido.



Artículo para "El periodico de Huelva".

sábado, 5 de noviembre de 2011

LA GRAN RED





En todos estos años, desde que la celebración de la noche de Halloween acabó instaurándose en la vida de los españoles como acto ineludible del protocolo de modernidad, no he visto un solo disfraz que me haya producido siquiera un leve estremecimiento. Quizá porque esta celebración me coja despistado en mi tozudo sentimiento de la fratría, de esa sociedad íntima y lejana a la globalización a la que pertenecíamos hace apenas unos lustros, o tal vez porque sencillamente este evento, secularizado por el cine norteamericano, consigue con una previsible noche temática el efecto contrario a sus orígenes celtas. Esta combinación entre mi indiferencia y la inocuidad de la mercadotecnia para producir un auténtico repelús son las causantes de este solemne aburrimiento mediático.
Otra cosa es ver a mis hijos felices por el rápido cambio de piel, correteando de puerta en puerta y extasiados ante la inocente y poderosa experiencia de producir miedo, de fabricarlo sin menoscabo para la proba vida que deseo en sus preciosos destinos. En un juego donde el mal y la muerte resultan tan ajenos a sus corazones, la vida, a través de esa arma de incalculable valor que es lo absurdo, es quien triunfa. Los veo y me digo que no queda mal asustar a los demás en una entretenida broma como aderezo para el espíritu.
Creo que esta sensación contradictoria la tienen muchos padres y madres que nos encontramos inmersos en la, muchas veces dudosa educación, que damos y reciben nuestros hijos. Digo reciben, y esto es otra dimensión de “lo absurdo” teniendo en cuenta la fuerza del instinto de protección y del amor congénito, por la enorme cantidad de horas que pasan fuera de nuestro presumible control en el colegio, frente a la televisión y en el uso de internet. Es decir, por desgracia la mayor parte del “tiempo educativo”. Ahora que no nos escucha nadie, y que quede entre ustedes y yo; alguna vez me he planteado no escolarizar a mis hijos y tirar a la calle todas las pantallas y consolas que compré en horas absurdas para incentivar en ellos el consumo. Lo peor es que es posible que la naturaleza de esta tentación sea también absurda. Esto me recuerda a la novela docuficción “Nocilla Dream” de Agustín Fernández Mallo en la que plantea que la Red bioesfera, la Red internet y la Red neuronal poseen todas una misma tipología, por lo que pueden ser consideradas, a ciertos efectos, isomorfas.
Si es así, la comparación nos puede dar una idea de lo atrapados que nos encontramos en este mundo y de lo libres que nos sentimos en el deseo de querer romper la inmensa Red que lo contiene todo. En realidad no es más que un inocente juego de la imaginación en la experiencia de querer vivir en libertad y en comunicación con nuestros semejantes. Pasemos página con Halloween, pues se avecinan otros menos virtuales estremecimientos. Quienes manipulan la Gran Red tienen en cuenta, como aseguraba el filósofo francés de la posmodernidad J.F. Lyotard que “Saber es poder”.



Artículo para "El periódico de Huelva".

lunes, 31 de octubre de 2011

BIENVENIDO

Esto no sé si es un homenaje o un vómito de palabras después de enterarme a mis 44 años de la existencia de un espíritu innombrable. Mi bisabuelo, desaparecido en la guerra civil. Créanme, fue imposible contener lo que a continuación escribo:









BIENVENIDO


Don Nadie,
Tantas vueltas le he dado al qué y al cómo aconteció
Que doy por sentado que ya me conoces


La familia, la tuya y la mía, cuenta que tenías un problema
Que andabas metido en política y que por eso abandonaste este mundo
Me enteré en la primavera de 2010 que ese sello la horadaron con una bala o dos
No se cuantas hicieron falta
Ya tenemos una fecha, imagino que más que una efemérides para ti
Un momento donde es desventado el humus en la memoria de tus descendientes


Ahora se puede observar, al menos yo lo veo,
Que un gran eructo ha liberado el vientre de esta prosapia
Y ya no es tan prominente

La tita manuela, tu sobrina,
Buena mujer de la que dicen “Tercera España”
Embutida en franela
Y enjuta como las sombras de todos los desaparecidos como tú
Revela, con voz poderosa, a pesar de sus noventa años
Que no querías doblar el lomo ni en la fábrica de ladrillos de tu padre
Ni en las buenas tierras que tu mujer, mi bisabuela,
Te brindó en matrimonio
Tal vez tendrías en tu cabeza bastante hormigón,
Materias mucho más resistentes
Como para construir la “España imposible”
La incomprensible para los vencidos, los vencedores y los ignorantes,
Con simples trozos de barro cocido, del barro que usaron para hacernos
Según imagen y semejanza.
Quizás algún día decidiste que podar olivos y uncir brevas
Era demasiado duro y aburrido para ti
Tal vez deseaste un trozo de política y vivir de ella
Quien sabe si vivir del cuento, emanciparte del volcán de Bonares,
Removiendo, agitando los ideales y levantando a los obreros
Para abrirte un hueco, como dijo la tita manuela,
Entre los delegados de la UGT
¡Un vago!
Un niño bien que dilapidaste los capitales
Porque sólo pensabas en eso de la política
¡Un Mascahabas! , para ciertas mesas de camilla.
Ahora nadie te nombra, nadie te insulta, nadie te ama


Pregunté a tu nieto, mi padre
Quise saber tu nombre y apellidos
Como quien pregunta por accidente
Papá, ¿cuántos zapatos calzabas en tu infancia?
Titubeó y llevó su mirada a un lugar que imaginé excluido
Y dijo
No lo conocí………..No sé como se llamaba
¡¿Cómo?!
Sí, sí, sí, No se hablaba, No se preguntaba
No No No a muchas cosas, hijo
Desapareció, punto y final


Pregunté por accidente
Sin embargo, no fue una pregunta cualquiera
Tras la respuesta mi deseo fue únicamente volver a casa
Con mi mujer y mis hijos.


Yo sí conocí a mis dos abuelos y además siento orgullo por ellos
En la habitación de uno, después de su entierro encontraron
Al fondo del armario
Más de una docena de latas de leche condensada, pilas de tabletas de chocolate
Cientos de caramelos de Tafalla con piñones y millones de hormigas
Eso me lo contó mi padre, el hijo del dulce muerto
Sé de mi otro abuelo que no hablaba mucho, gran cantaor y tonelero
Y que todos los domingos de mi infancia las líneas de su rostro
Se apretaban unas contra otras en una sonrisa de satisfacción
Cuando me daba la resplandeciente moneda de cinco duros.

Si el barro y la semejanza quieren
Yo le contaré a mi hijo que mi padre tenia la manía de apuntar todo
Como el mejor de los archiveros, que tenía una voluntad de acero,
La misma inventiva que Ulises y confianza en los porqueros,
O que mi madre cantaba de puta madre la media granaina
Pero, Don Nadie, de ti, ni tus hijos ni tus nietos han contado siquiera
Si para ir con la bandera blanca con la música a otra parte
Ponías con sencillez un pie delante del otro
O si te movías fusil en mano con alas invisibles de Ángel Tremebundo.

Tita, ¿Cómo era?, ¿Qué carácter tenía?
Pues………. A pesar de tanta cosa rara y política………
No parecía tonto
Yo lo veía un hombre cabal……….digo yo……..

Y a mí, tu bisnieto, no se me ha quitado de la cabeza
Después de esta visita a la tita
Tu rostro estupefacto de Nadie comulgando
Los minutos de vida que te quedaban
Como hostias empapadas en amor congénito
Obleas desperdiciadas entre las gentes que quieren amarse
Y no pueden.


Haragán, Político, Republicano, Socialista
No tenías desperdicio
¿Qué escondía tu espíritu? ¿Y tu intelecto?
¿Qué sabías y conocías?
¿Dónde estás para interrogarte?
La tita Manuela, que es la que más sabe
Dijo que dieron contigo en La Palma del Condado
Te preguntaron quien eras y tu dijiste
¡Socialista!
¿No fue así?
¿Porque si no te mataban tu matarías?
A partir de ahí dejaste la política y la ociosidad
No hubo tiempo para más y no sé si lo sabes
Sí, creo que sabes que no hubo tiempo para más
Porque aunque sepas quien soy, este tiempo no es el tuyo
Este tomó impulso del tuyo y se tornó impensable para un tonto como tú
Que pudiste tener vida de rey y una descendencia mostrando tu fotografía
A todas horas colgada junto a la alacena, incluso en el primer portal
Y ni eso tienes
Eras un duro garbanzo, tan negro, que no tienes una fotografía
Como casi todo el mundo tiene para apenas mirarla.


Tanto se ha escrito y hablado
Se sigue escribiendo y se sigue hablando
De la Republica, de los Rojos y los Nacionales
Que me aburro, me paralizo y me rebelo
Aquello me importa y no me importa
Sin embargo, cuando supe que diste una vuelta por el mundo
Y que casi nadie sabía pronunciar tu nombre
Y que quien lo hacia debía apretar la memoria
Sentí pánico, vértigo
¿Lenidad? No, suciedad.
La guerra civil dio sobre todo eso, mucha mierda
Creo que a nadie le gusta la porquería
Y pensé que tú eras la inmundicia de un acontecimiento
Deduje que eres Nadie para Nadie, Don Nadie.

Entonces me propuse
Que para la eterna historia de la ignorancia serías
MANUEL BELTRAN RASCO
Bienvenido.

sábado, 29 de octubre de 2011

DIOSES Y DEMONIOS





Marcel Proust, en su novela “A la sombra de las muchachas en flor”, segundo libro de los siete que componen “En busca del tiempo perdido”, escribe: “…a medida que la sociedad va corrompiéndose se depuran las nociones de moralidad…”

Si tomamos el concepto de moralidad en su origen latino “mores”, cuyo significado es “costumbre”, se puede observar que el término no encierra la significación de lo malo y lo bueno; son las costumbres las que resultan virtuosas o perniciosas. Por tanto, en el caso de que en el siglo XXI continuemos aplicando la concepción original de la palabra, la activación de lo que es moral o amoral no se concibe según el dogma maniqueo donde la espíritu del hombre es de Dios y el cuerpo del demonio. Si acaso podríamos pensar que las costumbres son actos a los que el cuerpo sucumbe somatizado por la inercia de qué hacer o donde ir para hacer esto o ver aquello, pero nunca como causas del mal y del bien nacidas en el seno de la condición humana. Así que lo que escribe Proust allá por 1910 no se diferencia casi nada a lo que podemos escribir sin dilación ahora, en la transmodernidad, paradójicamente en este momento, en el tiempo donde de todo hay, desde religiones ancestrales hasta la posibilidad científica con eso de los neutrinos de abrir direcciones desconocidas en el espacio-tiempo.

Creo, en efecto, que cada comportamiento según a la tribu social a la que pertenezcas supone un tipo definido de moral condicionada por las costumbres. Desde el sí al no al aborto, o del sí o no a la cadena perpetua y para algunos a la pena de muerte, sin ir más lejos, sólo hay un abrir y cerrar de ojos. Si o No, la depuración moral exprime las posturas hasta la radicalización, y en la confrontación cada uno piensa que sus costumbres (puntos de vista) son virtuosas y las del otro perniciosas. Este es un caso perdido en el que ni el mismísimo Manes podría poner mesura. No tiene “solución moral”.

Desde que Proust escribió la mencionada novela, la corrupción en la ética (carácter de las costumbres) ha continuado avanzando, en un camino iniciado desde la invención de la imprenta, a causa de los intereses creados en las sociedades de consumo. Tras la contradicción entre los productos que se venden y la “moral” heterogénea en la sociedad actual siempre está el dinero y el poder de alienación que éste mismo genera. El caso de la publicidad de contactos sexuales en los autobuses de la empresa de transporte público del ayuntamiento de Valencia es un ejemplo más de hipocresía en el uso de la moralidad. Se puede ofrecer el sexo en un pack de salud, liberación social y ocio. Su venta está fiscalizada y por tanto el sistema tiene el control de los beneficios económicos. Sin embargo, el propio sistema censura la utilización de la mujer como mercancía. Hay tantas y buenas nociones de moral como dioses y demonios necesite el sistema.




Artículo para "El periódico de Huelva".